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¡Gracias, sobrino!
Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
Llevaba más de diez minutos hablando por teléfono con Gisela. La señal del celular no era muy buena, y a cada rato la voz de mi hermana se escuchaba entrecortada. El bamboleo del bote y lo alejado de la costa, hacían más difícil la comunicación entre las dos. En este país, nada funcionaba bien. —Sí, hermanita, te escucho. No te preocupes, mándame a Ricardo mañana que yo lo espero —Del otro lado del móvil, mi querida hermana se extendía en explicaciones y recomendaciones de cómo debía atender a mi joven sobrino. Mi novio, desde la popa, me hacía señas de todo tipo para que cortara la llamada, decía que le alejaba los peces. Junio era un mes espectacular para salir de pesca y disfrutar el paisaje de ensueño que ofrecían los islotes del parque nacional. La cava de plástico blanco, estaba llena de pargos y atunes, sin embargo Alex, mi novio, y Jesús su eterno acompañante, nunca estaban satisfechos. Todos los fines de semana, religiosamente, Alex embarcaba seis u ocho turistas y los llevaba a pescar en las maravillosas aguas del Parque Natural. Claro, esto ocurría en tiempos normales, ahora con la pandemia, hacía varios meses que no percibía ingresos por ese concepto. Los domingos, aprovechaban para salir a pescar y yo los acompañaba para tomar el sol y salir del asfixiante encierro. Tirada en la proa, sobre una toalla que colocaba encima del pequeño camarote del bote de 35 pies, pasaba horas exponiéndome al sol y viendo las discusiones acaloradas entre mis dos ...
... acompañantes, debido al tamaño de sus pescados. Cada hora me zambullía en las cristalinas aguas y volvía a mi rutina bajo el abrasante sol. Generalmente, llevábamos una caja de cervezas y unos aperitivos para pasar el día. La dosis de sol dominical, era suficiente para mantener mi envidiable bronceado. Disfrutaba mucho de las miradas furtivas de Jesús cada vez que Alex se entretenía con sus capturas. Eso me gustaba. Ya, a las cinco de la tarde, regresamos a tierra firme a reposar del cansancio acumulado en la deliciosa pero agotadora jornada. Alex, me dejó en el apartamento. Me di una relajante ducha fría y me tumbé en la cama a descansar una hora para reparar mi agotado cuerpo. Ya entrada la noche, me preparé una ensalada y me senté a organizar mi agenda para el inusual lunes que me esperaba. En mi móvil anoté: -Llamar al señor del gas -Buscar veinte litros de gasolina en la estación de servicio -Salir a comprar alimentos y bebidas. -A las 3:00 pm, buscar a mi sobrino al terminal de pasajeros. -Cambiar 150 dólares. Como ven, una agenda nada normal. Ah, me olvidaba: -Llenar el depósito de agua a las 6:00 am. -Recorrer varías farmacias para comprarle medicinas a mamá y enviárselas a Caracas. Vivir en este país es un desastre, sobrevivir en esta pandemia, casi imposible. “Por suerte”, vivo en una pequeña ciudad que es considerada una Burbuja. Es un territorio aislado y relativamente blindado, hasta ahora, de la inefable peste roja. Bueno, no los ...