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¡Gracias, sobrino!
Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
... marcharse. Yo tenía como tres años que no lo veía personalmente, pero su papá me subía sus videos en YouTube, de sus juegos y ahí podía apreciar su buen físico y sus excelentes atributos para el futbol. Las condiciones estrictas de confinamiento en la capital, le habían impedido entrenarse con comodidad. Mi cuñado estaba preocupado porque estaba ganando peso y decidió enviarlo a donde yo vivo. Aquí existe un centro de alto rendimiento que, gracias a Dios, todavía está operativo a pesar de la pandemia. Aquí estaría conmigo hasta que todo se normalice. Lo reconocí inmediatamente. Se acercó a mi vehículo con dos bolsos deportivos a reventar. Le di un efusivo abrazo y le abrí el portaequipajes. —Estás inmenso sobrino! Dios te bendiga! —Le dije. —¡Hola, tía, tú estás preciosa! —me respondió apretándome fuertemente contra su desarrollado pecho. En el trayecto al apartamento nos pusimos al día. Ricardo es un joven muy extrovertido y simpático. Platicamos sobre su plan de radicarse en España y de cómo debía intensificar su preparación física para llegar en forma al campamento. Me contó que era defensa central por su habilidad para parar todo lo que llegaba al área y por su nada despreciable altura de 1.90. De verdad, yo no le noté ningún sobrepeso, como decía mi cuñado, pero yo no era muy conocedora de las cualidades físicas que se necesitaban para ese deporte. Mi apartamento, no es muy grande pero he tenido la suerte de decorarlo a mi gusto. Tenía dos ...
... habitaciones, dos baños, un espacioso salón integrado a la cocina, y lo que más me agradaba, un balcón –terraza, en donde tenía una parrillera portátil, una mesa de cuatro puestos y dos sillones en donde me deleitaba con la hermosa vista que dominaba la espectacular bahía. Frente al edificio de 15 pisos, se ubicaba la marina que albergaba decenas de embarcaciones de diferentes esloras. Lanchas deportivas, pequeños yates y motos de agua, descansaban apareadas en el muelle de madera, esperando el regreso del próximo fin de semana. Desde el piso 14, tenía el dominio completo del mar y los distintos islotes que parecían flotar en lontananza. Lo instalé cómodamente en la habitación destinada para él. Le mostré el baño que utilizaría en sus días en mi casa y le serví un refrescante jugo verde para que se repotenciara. Conversamos un largo rato y luego me sumergí en una conversación telefónica con mi hermana, quien no dejaba de agobiarme con sus instrucciones sobre cómo cuidar a su “pequeño” muchacho. Antes de irme a descansar, le expliqué el engorroso mecanismo para ducharse con el balde de agua ubicado en mi baño. Solo para las duchas vespertinas podría usar el mío, mientras compraba otro balde para colocarlo en su ducha. Lo anoté en mi agenda. En mi habitación, me puse cómoda con el pijama de algodón azul que me había regalado Alex y me tumbé unos minutos para reponer fuerzas para luego calentar la cena. Ya no prepararía cualquier cosa, como solía suceder, Gisela me encomendó ...