1. ¡Gracias, sobrino!


    Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos

    ... mi sobrino.
    
    Sin perder tiempo, destapé la caja. Retiré la cinta que cubría la parte trasera de las cámaras y dejé libre su parte adhesiva. Busqué una silla, y con la destreza de quien lo motiva una fechoría, coloqué perfectamente una sobre el techo de su cama y otra encima de la ducha de mi baño. Lamenté no haber comprado una más. Bajé la aplicación en mi móvil y comprobé que funcionaba con precisión.
    
    Es indescriptible la sensación que se siente con la sola idea de espiar a mi sobrino y de verlo en el esplendor de su cuerpo desnudo. Me sorprendí al no sentir culpa alguna ni algún sentimiento de reproche por lo que estaba a punto de hacer. El solo hecho de pensarlo, me producía un enorme placer, que se reflejaba en la ingente cantidad de fluidos que destilaba mi ansioso coño. Total, de imaginármelo a observarlo, no supondría mucha diferencia. En mi patrón de conducta sexual, mientras no sobrepasara la raya de lo material, no constituiría ningún pecado ni nada por el estilo.
    
    Esperé tumbada en mi cama su llegada. La ansiedad me estaba matando. Pasada una hora y en vista que no llegaba, me distraje leyendo y viendo a cada instante las imágenes congeladas de los dos dispositivos. Probaba el zoom, el sonido, el giro, los filtros de luz, todo. Me quedé dormida.
    
    Me desperté, casi una hora y media después. Prendí la tele y enseguida sentí los pasos de Ricardo acercarse a la puerta entreabierta de mi habitación.
    
    —Hola, tía —Me dijo desde el borde de la ...
    ... puerta.
    
    —¿Hola, Ricardo, cuándo llegaste? —le pregunté desde mi posición tirada en la cama.
    
    —Hace un rato, tía. No te quise despertar.
    
    Lamentablemente, llegó ya aseado del complejo. Mi sesión de voyerismo tendría que posponerla para más tarde, al final de la noche cuando se fuera a dormir. No presagiaba mucha emoción, pero serviría para calibrar bien las cámaras y la App.
    
    Lo invité a sentarse en la cama para que me contara sobre su día. Charlamos un rato. Para mi sorpresa, y eso me puso cachonda, yo no era la única que metía el ojo, él tampoco desaprovechaba el momento para mirar mis piernas con cierto brillo en sus pupilas. Instintivamente movía su cara de la tele a mis piernas. Aproveché sus furtivas y nerviosas miradas, para mostrarle, descuidadamente, algo más para sus escurridizos ojos. Cruzaba mi pierna y le dejaba ver, sutilmente, parte de mis bronceadas nalgas. Disfruté mucho ese momento. Sentía sus ojos, deseando quedarse más tiempo quemándome mis glúteos que luchaban por quedarse escondidos bajo mi pequeña pijama de algodón. Lo puse nervioso. Me encantó ver su abultamiento y como trataba de disimularlo con sus manos. Estaba completamente mojada.
    
    Ya en la noche, le preparé, la ya habitual cena, y me puse a ordenar la despensa que la tenía echa un desastre. Me tomé par de cervezas mientras conversaba con mi hermana y con Alex. Se disculpó conmigo por lo de la noche anterior y me dijo que no pensaba que me iba a caer tan mal que hubiese invitado a su amigo Jesús. ...
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