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Pata de lana. Madura malco y service a domicilio (1)
Fecha: 19/02/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos
... trola (bien de puta) para tener una fiesta con todos los chiches (variedades). Una cerveza nos quita el calor, exterior e incrementaron el interior, bebiendo de la misma botella incita al piquito, otro trago y el beso de lengua (hasta el fondo) enciende la máquina. Aún tenía el guardapolvo blanco, dos botones de arriba desabrochados anticipan el menú interior, lencería breve y transparente, todo es rojo, “vestida para matar”, se sentó en el mostrador, cruza y descruza las piernas al estilo de la peli bajos instintos, pero ella tiene tanga, minúscula, se traslucen los vellos púbicos, abultando la prenda y derramando el aroma intenso de la excitación mezclado con la suavidad del perfume de lavanda. La visión incentiva la reacción automática, el “bicho” tomo vida propia, se eleva dentro de la cárcel del bóxer, empuja la tela del jean. Me retiene entre sus piernas, acaricia el choto por encima, ojos grandes como platos, manos húmedas, respira entrecortado, sofocada, hostigada de lujuria. Me tomó de los hombros y comió la boca sin dejarme respirara, las manos desesperadas por desprender el resto de los botones, algunos arrancados por la prisa de lamer su piel. La guacha va guiándome al dormitorio, viaja en zapatos rojos de tacón de 15 cm, escueta lencería, que va perdiendo como pétalos de rosa. Rodamos sobre el lecho, entre las sábanas cómplices, comienzo de la refriega amorosa que pintaba para ser antológica. Es una máquina de chupar pija, ¡qué calidad!, se le nota ...
... que lleva tiempo sin una buena garchada, se revela como amante sumisa y entrega lujuriosa. Retribuía con la misma intensidad, paleteando su cachucha, la puse en órbita, dominada por la excitación, vocifera fuerte, alocada, el cuerpo casi dislocado y la cabeza colgando fuera del lecho, apretándose los pechos, grandes, algo más de 105, todo carne natural y bien turgentes. La forma de gozar incita a seguir dándole “pala” en la cueva, variando intensidad y ritmo, buscando y descubriendo los sitios preferidos, el dedo busca el hoyo cercano para meterse dentro. Los dos primeros orgasmos fueron robados, la vieja quería aguantarse y puse tal empeño en la “paleteada”, que pude con su concentración, los disfrutó como si fuera el primero. De ella aprendí que mi lengua producía el efecto devastador dentro del cofre, no sé si habré encontrado el famoso punto G, pero seguramente estuve casi en él por lo explosivo de su orgasmo, estridente y volcánico, entró en erupción en mi cara, perder el sentido de tiempo y espacio, la mirada perdida, el rostro solo es una mueca difusa, babeando, diciendo incoherencias propias de quien atraviesa un trance emocional de proporciones. Le regalé el tiempo de relax para volver a recuperar el uso de sus facultades, sonríe para dar señales del regreso a la vida. La calentura apremia, se la mandé, un misionero, de frente, con las patitas al hombro, la conchita estrecha, para una mujer que había parido dos veces, ávida por sentir una poronga más gorda ...