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El joven roquero y la casada poco follada
Fecha: 03/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Marina era una mujer española que trabajaba en Londres, tenía cuarenta y dos años, estaba casada, era morena, delgada, de ojos verdes, estatura mediana y tenía buenas tetas y mejor culo. Tenía tres hijos y era muy seria, tan seria era que a pesar de tener un buen polvo ningún hombre se le acercaba, o sea, era decente y lo parecía. Aquella tarde noche cuando salió de la oficina caían chuzos de punta. Marina vestía un traje de falda de color gris, una blusa blanca y calzaba unos zapatos a juego con tacón de aguja que empapó al salir a la calle, calle que tenía que cruzar para ir al aparcamiento donde dejara su auto y que no se podía cruzar debido a la corriente que bajaba por ella. Viendo el agua bajar le entraron ganas de orinar y se metió en un pub que hacía esquina en esa calle. Estaba petado de gente. Fue a la barra y pidió un whisky doble. A su lado estaba un joven roquero tomando una pinta de cerveza. Se oyó un trueno, y el joven, en inglés, aunque yo lo escriba en español, le dijo: -El diablo está enfadado. Marina le respondió: -El demonio no tiene nada que ver en esto. Marina miró para el muchacho. Vestía con cazadora y pantalones de cuero negro, llevaba una camiseta negra con el nombre Iron Maiden escrito en ella y calzaba unas botas negras de militar. Tendría unos 30 años, los ojos azules y el cabello largo, negro y rizado. Era algo más alto que ella, llevaba una cadena de acero en el cuello, un pendiente con un crucifijo colgando de una oreja y los ...
... ojos pintados de negro. La verdad es que no inspiraba mucha confianza. Viendo cómo lo examinaba, le preguntó: -¿Vienes mucho por aquí? -No, es la primera vez, pero con la lluvia y el frío me entraron ganas de cierta cosa. El joven roquero le habló cómo si la conociera de siempre. -¿De mear? -De eso mismo. -Yo entré para escapar de la lluvia y me alegro de haberlo hecho. -¿Te gusta el sitio? El joven roquero le entró con descaro. -No, me gustas tú. El camarero le puso el whisky doble a Marina. Tomó un trago y le respondió: -¿Me has visto cara de facilona? -No, te he visto cara de estar poco follada. Marina no era de las que se callaba ante una provocación. -Y tú me follarías mucho, claro. -Mucho y mejor de lo que te ha follado nadie. Marina le puso los puntos sobre las íes. -No digas tonterías, chaval, te sería más fácil follar a una gaviota que follarme a mí. Marina se fue al baño. Al meterse en uno de los compartimentos y querer cerrar se encontró con la mano del joven roquero en la puerta, le dijo: -Vete. -Me quedo. El joven roquero cerró la puerta y le puso el pasador. Sintieron los pasos de dos mujeres, después el ruido del agua saliendo de un grifo y una conversación intrascendente. Marina, muy en bajito, amenazó al joven roquero. -O te vas o te meto una hostia que te salto los dientes. El joven roquero no le creyó ni una palabra. Le susurró al oído. -Tú no vas a meter nada. Te voy a meter yo a ti, y no ...