1. Memorias inolvidables (Cap. 23): Mi primo Ricardo


    Fecha: 07/03/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    25 de junio (lunes)
    
    Me levanté con doble sentimiento, por una parte estaba nervioso por lo que me dijo mi tío Antonio, el padre de Juan. Ese interés de hablar con mi padre me tenía un poco amargado y más preocupado todavía. Por otra parte, iba a venir Juan, ibamos a ir a mi habitación para darle mi jean que le había gustado tanto. Me preocupa no haberlo lavado tal como me lo pidió, pero lo puse toda la noche tendido sin mojarlo para que se airease algo. Esta mañana, antes de doblarlo lo he perfumado con mi propio perfume Hugo Boss, para darle gusto a Juan.
    
    Me duché, me lavé el culo a conciencia por fuera y por dentro. Pensaba: «Si a Juan se le ocurre de nuevo que lo hagamos, pues no le voy a decir que no. Como vienen sus padres, voy a ser discreto y a no insinuarme, por respeto a ellos». Me masajeé las bolas para ver si respondían y la polla me contestó por ellas, no tardó en ponerse erecta y con ganas de masturbarme, pero cambié de parecer: «si viene con ganas, lo haremos y me saldrá abundante y potente si no me masturbo ahora. Si no me lo pide, ya lo haré después, que a eso siempre estoy es dispuesto porque siempre hay ganas».
    
    Llegaron cuando estábamos desayunando. Los abuelos los hicieron entrar en la cocina y les sirvieron para que comieran algo. Mi abuelo quiere mucho a su sobrino Antonio, también a Juan que es muy cariñoso con él. De repente, Juan dice:
    
    — Tía, ¿me invitas a quedarme unos días con mi primo Miguel para que no esté tan solo?
    
    — ¿Cómo te ...
    ... atreves a ser tan descarado —dijo su madre—, no se invita uno, espera a ser invitado, ¿y si no pueden? ¿y si tienen otras cosas que hacer?
    
    Mi abuela fue espontánea:
    
    — Hija, no te preocupes, Juanito siempre es bienvenido a esta; hijo —se dirigía a hora a Juan—, claro que sí, a Miguel le falta compañía joven, nosotros somos mayores y él se pasa mucho tiempo sin hablar con nadie.
    
    — Pero solo hasta el domingo, —zanjó su madre.
    
    — Miguel, yo quiero hablar contigo un rato, ¿nos sentamos detrás en la terraza?
    
    — Vamos, tío, ahora hay sombra y se está bien.
    
    Salimos y mi tío fue al grano, cuéntame de pe a pa y desde el principio qué es lo que ha pasado contigo en tu casa. Le conté todo, primero un poco nervioso, porque mí tío iba haciendo preguntas para entender detalles, como por ejemplo: ¿te has llevado a casa a tus amigos borrachos?, ¿te los has llevado para tener sexo? No me hacía preguntas sobre mi homosexualidad, sino sobre mi comportamiento. Me gustó la conversación con mi tío y me dijo:
    
    — Yo hablaré con tu padre, pero no te prometo nada.
    
    — Mi padre es cobarde.
    
    — No, Miguel, no es cobarde, pero debe tener un montón de confusiones, porque tu madre lo domina; el temor que tiene tu padre es que tu madre se vaya y se desentienda de todos vosotros y eso para él sería lo peor que le pudiera ocurrir…
    
    Estaba de acuerdo con mi tío y me callé, de todas formas no comprendía mucho el trasfondo.
    
    Antes de despedirse, me quiso hacer una pregunta:
    
    — Mira, Miguel, ...
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