1. Memorias inolvidables: Introducción


    Fecha: 17/03/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... mitología griega. Cuando Bucéfalo, sin mi permiso y con mi enfado, me llevó por donde yo no quería ir, sabía lo que estaba haciendo y se paró en un lugar solitario donde se podía escuchar el silencio y el quieto vuelo de las águilas, dejándose llevar y planeando por el cielo siguiendo la suave y silenciosa corriente del aire. Por más que le insistí que diera la vuelta y nos fuéramos a donde yo pensaba que debíamos ir, se comportó como un burro terco. No le pegué porque no soy de pegar a nadie y menos a mis preciosos animales, pero no era por ganas sino por naturaleza. Cansado de insistir, me senté arrimado al tronco de uno de los árboles inclinados y me mostré enfadado con Bucéfalo. Pero él, terco sobre terco, solo relinchó un par de veces y me llenaba de desesperación.
    
    Habría transcurrido una hora aproximadamente, cuando apareció un hombre, una cabeza sobre un tronco, caminando sobre dos pies, un arco a la espalda y un ave grande atravesada por una saeta y colgando de la mano del hombre. Estaba desnudo, solo tenía envuelta su frente y su casquete por un trozo de arpillera, viniendo a aquel lugar donde Bucéfalo me había llevado. Con estar desnudo y supuestamente venía del sol, era un hombre blanco, piel muy blanca, como si no le hubiera dado nunca el sol. Me pareció un hombre enfermo. Se paró en seco al divisar mi caballo que relinchó y miré. Se había dado cuenta que había otro hombre desnudo. Me puse de pie, me quité la zamarra que llevaba al hombro cruzando con la ...
    ... correa pecho y espalda, para que viera que mis manos estaban libres. Intenté sonreír y debió salirme la sonrisa. Bucéfalo se me puso detrás y me iba empujando para que me acercara a aquel hombre. Aunque me resistía, el caballo pudo más que yo. El hombre entendió, dejó su arco y carcaj en el suelo y se aproximó con el ave aún en la mano. Yo miraba fijamente al ave y a los ojos del hombre alternativamente. También entendió que debía dejar el ave en el suelo.
    
    Se aproximó y quedamos juntos, uno frente al otro, nos olíamos. Por primera vez en mucho tiempo olía algo humano y le di la mano, me la tomó con las dos manos y yo junté la otra, luego nos dimos un abrazo y nos sentamos imitando a Bucéfalo que se había echado al suelo. Aproveché la masa ventricular de Bucéfalo para recostarme y apoyar mi cabeza sobre la espalda que está por encima de las manos antes de llegar a la cruz, en el lugar de la paleta aproximadamente; y el hombre apoyó su espalda sobre la la babilla, descansando su cabeza entre el muslo y el flanco. En esta posición todavía estábamos mudos los dos, no desconfiados, sino sin encontrar razón de por qué estábamos allí los dos; pero Bucéfalo no estaba callado, movía su boca y hacía unos ruidos como si nos hablara o nos estuviera invitando a hablar y se puso a hacer los sonidos que jamás le había escuchado, parecía un asno porque imitaba los sonidos de los asnos garañones. Escuchar a los caballos es gran cosa porque ayuda a vivir y a hacer lo que la naturaleza nos ...
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