-
Memorias inolvidables: Introducción
Fecha: 17/03/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... exige. Abrigados por el gran volumen del animal y sobre paja nos reímos por primera vez por los ridículos sonidos para un caballo y nos abrazamos, nos besamos y nos sentimos. Me contempló, lo contemplé. Miré su contextura morfológica. Me daba pena porque es y me pareció hermoso, guapo, de un rubio casi oro brillando al sol reflejando el blanco, su piel limpia, sin manchas, aunque tenía suciedad de la caza, se notaba que su piel no tenía ningún defecto, pero estaba excesivamente flaco. Un poco gris claro sus genitales, grandes, bien formados, con proporción la gran bolsa escrotal y el grosor y largura del pene, de unos 19 cm. de largo y unos 2 y medio de ancho. No tenía pelos, parecía recién depilado, pero no afeitado, porque, con ser rubios, se notaban los puntos por donde salían los pelos. Alargó con mucha precaución la mano y albergó mi pene, luego con la otra acarició mi escroto y lo colocó anidando sobre su mano. Entonces escuché con voz gutural: — Veintidós, son veintidós. Lo miré a la cara, sonreí y le dije: — Por qué eres tan guapo. No contestó, me dijo: — Tienes que poner a tu caballo a comer ahí, ese pasto no está pisado. Nos pusimos de pie y llevamos a Bucéfalo al pasto virgen donde vi diversidad de hierba natural y le iba a sentar bien. Iba a preguntarle donde había agua y antes que se lo dijera me dijo: — Ahora vamos a preparar nuestra comida, y luego hemos de llevar a tu caballo a abrevar, no sea que le siente mal la comida y ...
... desfallezca. Recogió su ave y entre los dos la desplumamos y limpiamos su interior. Encendió fuego y la asamos. Cuando ya habíamos comido, nos tumbamos sobre la paja y sentimos deseos uno del otro. Juntamos nuestros cuerpos y nos abrazamos un rato mientras él inspeccionaba de nuevo mi pene y yo su ano. No nos pusimos de acuerdo, el instinto humano nos llevó a desearnos y mientras él lamía, chupaba, mamaba mi pene hasta hacer crecer la erección, yo le acariciaba el agujero de su culo, con los dedos hasta introducirlos, mojaba con mi saliva y los volvía a introducir. Nos miramos y nos sentimos deseados y preparados. Escupió sobre mi pene, lo masajeó mojándolo todo y se tumbó de espaldas encogiendo sus piernas a su pecho. Lo cogí de sus costado y lo levanté dejando que se apoyara sobre sus hombros y del comienzo de su espalda en el suelo sobre la paja, se agarró con sus manos de la tierra haciendo presión. Tenía su agujero bastante dilatado y escupí cuatro veces sobre el agujero dejando que entrara todo poco poco y escupí una vez más acariciando las puertas de su culo con la punta de mi pene. Suspiró y comencé a presionar suavemente. Gemía sin gritar, como si ronroneara de placer. Por fin, sin prisa, mi pene llegó a su interior y exclamó: —Aaaaaah, ¡qué rico ha entrado! — ¿Duele?, —pregunté. — Todo lo contrario, ha entrado suave y aaaah me está tocando. Comencé un lento mete y saca y luego daba vueltas sobre su cuerpo muy lentamente para que mi pene rodara en su interior. Lo ...