1. Memorias inolvidables: Introducción


    Fecha: 17/03/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... disfrutamos un largo rato, pero me llegó el momento del orgasmo y arrojé en su interior todo mi semen. Saqué mi polla para que descansará de su postura incómoda y tumbado él en el suelo y yo mamando su polla lo hice correrse todo en mi boca. Me pidió y le di un beso para depositar su propio semen en su boca.
    
    En ese momento nos quisimos, en ese momento sin más palabras estábamos pensando cada uno en el otro.
    
    — ¿Donde vives?, —pregunté.
    
    — Aquí, y duermo bajo ese árbol, —contestó.
    
    — ¿Qué haces aquí?, —volví a preguntar.
    
    — Huir de las mentiras del mundo, de la falsedad de los humanos y desear encontrarme con la libertad de la naturaleza, ¿y tú?, respondió muy triste.
    
    — No vivo lejos de aquí, ya llevo mucho tiempo viviendo en el campo, como tú, he huido de los que me quieren bien y de los que me quieren mal. Me he hecho una casa y tengo mis animales de compañía, ¿quieres venir a ver?, —le invité.
    
    — Sí, pero antes hemos de abrevar a tu caballo…
    
    — Bucéfalo lo llamo.
    
    — Bucéfalo; entonces yo puedo ser tu Pegaso. Aprovechamos que Bucéfalo bebe y nos damos un baño, si te parece, —me ofreció él.
    
    — De acuerdo; ah, y yo podría ser tu Ferénikos.
    
    — ¿Quién es Ferénikos?, preguntó Pegaso
    
    — El caballo ganador en los Juegos Olímpicos en la carrera con jinete. Ferénikos era un caballo propiedad de Hierón I, tirano de Siracusa. Fue cantado por dos poetas insignes: Píndaro y Baquilides y su nombre significa «Portador de la victoria». Era el año 476 a.C. ...
    ... Ferénikos era un caballo muy joven.
    
    — Vamos allá, Ferénikos, a satisfacer de agua al caballo que nos ha juntado. También me gustan los caballos, —dijo Pegaso.
    
    Mientras Bucéfalo se llenaba del agua que necesitaba, nosotros dos nadábamos sobre aquella agua que permaneció limpia y cristalina mientras no removiéramos el suelo de barro y de poca vegetación. Una vez que ya nos habíamos lavado solo con agua todos nuestros sudores y suciedades, nos metimos un poco más al fondo para nadar. Al rato Bucéfalo estaba reclamando nuestra atención con relinchos y salimos del agua. Entonces entendimos que la parte más profunda escondía algún peligro que ignorábamos pero que los animales perciben de inmediato. Acariciamos a Bucéfalo y él manifestaba su alegría por tenernos juntos a su lado.
    
    Emprendimos el camino hacia mi hato y ya casi en casa descubrí que las pisadas de Pegaso dejaban sangre sobre el suelo y lo monté sobre Bucéfalo. Llegamos a casa y le apliqué una poción a sus pies hecha de diversas hierbas y le envolví los pies con hierbas trenzadas.
    
    — ¿Ferénikos, hace tiempo que estás por aquí?
    
    — Ya llevo más de tres años, casi cuatro.
    
    — Lo pregunto porque a ti no se te han abierto los pies, —afirmó Pegaso.
    
    — El primer año me pasó eso que tienes y probé muchas plantas y hierbas hasta descubrir esto que te he puesto. Mañana ya te habrá cicatrizado todo. Luego te ocurrirá un par de veces más, hasta que las plantas de tus pies se conviertan en tus zapatos.
    
    Estuvimos un rato en ...
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