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Quiero que me hagas correr, papá
Fecha: 23/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Paco había alquilado un Toyota Yaris e iba por una carretera gallega cualquiera camino a la casa de su hijo Fermín acompañado por su hija Graciela. A la joven se le subiera la falda y enseñaba parte de los muslos de sus largas y moldeadas piernas. Le dijo su padre: -Si vas con esa falda en el coche con algún muchacho podrías acabar muy mal. La muchacha, que era vergonzosa cómo ella sola, bajando la falda por quincuagésima vez y colorada cómo una grana, le respondió: -No diga eso que me violenta, padre. -¿Qué crees que sucede cuando una mujer le enseña las piernas a un hombre? -Supongo que nada bueno. -Supones bien. Cuando volvamos a casa quemas esa falda. -Sí, padre, pero no debía preocuparse, iré virgen al matrimonio. El motor del coche se paró. Paco, dando golpes con sus manos en el volante, dijo: -¡No me dejes tirado, hijo puta! A Graciela no le gustaban las palabras soeces. -Modere su lenguaje, padre. Paco tenía un cabreo criminal. -¡Tú te callas! ¡¡Y baja la falda, coño!! A unos diez o doce metros a mano derecha había un aparcamiento y en él acabó de morirse el motor. Paco era un cuarentón, moreno, de estatura mediana..., un tipo del montón. Graciela era algo más alto que él e iba sin maquillar. Era rubia y su cabello lo llevaba corto, sus ojos eran azules y tenía un cuerpo divino. El aparcamiento era el de un bar de carretera situado en medio de ninguna parte. Estaba anocheciendo. Miraron para el bar. Era una casa ...
... pintada de ocre con tres pisos y un luminoso que ponía: El tornado. Entraron a llamar por teléfono para pedir que les mandasen otro coche. Allí no había un alma, exceptuando, la camarera, su hija Graciela y él, se entiende. El sitio era raro. Tenía una docena de mesas con cuatro sillas cada una que parecían de los años cincuenta, una máquina de discos del año de María Castaña, una mesa de billar de las antiguas, la barra y poco más. Tras la barra estaba una chica morena, alta, de ojos negros, media melena de cabello color negro azabache. Sus ojos y sus labios los tenía pintados de negro. Llevaba puesta una falda corta, también negra y un top con muy poca tela del mismo color que dejaba ver el canalillo y gran parte de sus grandes tetas y calzaba unos zapatos también negros de tacón alto. Le preguntó: -¿Podría usar el teléfono? -Claro -lo quitó de detrás de la barra y se lo dio-. ¿Qué os pongo? -Un tinto del país. ¿Tú qué vas a tomar, hija? -Lo mismo que tú, si no te importa. Paco era muy estricto en todo, pero debido a las circunstancias abrió un poco la manga. -No debías beber alcohol, pero supongo que un vino no te hará daño. Echando el vino en dos tazas, le dijo: -Me gusta el color del vino tinto gallego, tiene el color de la sangre. -A mí me gusta el vino, ver sangre me da yuyu. -No sabe lo que se pierde. La camarera estaba buena, pero algo no le iba bien en el coco. Le respondió: -Ni quiero saberlo. Paco llamó al número que le había ...