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El aislamiento en casa de la tía
Fecha: 24/03/2022, Categorías: Incesto Autor: nachoARG, Fuente: CuentoRelatos
... Karina. En ese entonces ella tenía 52 años; lo recuerdo porque tiene dos años más que mamá. Hasta hace un par de años me encantaba pasar tiempo en casa de mis tíos, pero desde que mi tío Rubén falleció a causa de un Cáncer que lo mató en pocos meses, el hogar de mis tíos dejó de ser una casa medianamente alegre y pasó a ser una casa que en la que se respiraba tristeza. Por lo que mamá contaba, a la tía se le estaba haciendo muy cuesta arriba superar la pérdida de su esposo y cada vez estaba más hundida en la depresión. Cuando mamá me dijo que debía pasar esas dos semanas en casa de la tía Karina, la única imagen que se me vino a la cabeza fue la de esa viuda demacrada y repleta de angustia. Para no sentirme tan mal intente convencerme que, quizá, era tiempo de agradecerle a la tía el esfuerzo que hizo por mi al cuidarme de chico y tratar de hacerle algo de compañía en su tristeza. Ese auto consuelo no sirvió de mucho; mi parte más egoísta me hacía sentir mucha bronca por tener que ir a pasar dos semanas a lo de la tía llorona. Un par de horas después sonó mi celular avisándome que tenía un nuevo mensaje de mamá, lo abrí con la ilusión de que el resultado del hisopado fuese negativo pero la ilusión se desmoronó cuando abrí el mensaje: “los dos positivos, ya hablé con la tía, te espera”. Mi condena ya era firme así que me dedique a armar mi valija para pasar lo que, hasta ese momento me parecían las dos semanas más horribles de mi vida. Unas cuantas mudas de ropa, mi ...
... notebook, mi Play Station, algunos apuntes de la facultad y una sensación horrible de impotencia eran todo mi equipaje. Siempre me caractericé por sacar algún aspecto positivo de las cosas y lo único que se me ocurrió en ese momento es que estaban anunciados días de intenso calor y la tía Karina tenía una enorme piscina en el patio de atrás. Por lo menos iba a poder nadar y broncearme todo lo que quisiera mientras la tía llorisqueaba por los rincones. Salí de casa, me subí a un taxi y en poco más de media hora me encontraba parado en la puerta de la casa de mi tía. Desde el velorio del tío Rubén que no la veía; la última imagen que tenía de ella era de una mujer de 1,70 de altura, con el típico físico de una señora cincuentona; caderas anchas al igual que su cintura, considerables tetas siempre cubiertas por demás y afectadas un poco por la gravedad, y un rostro bastante maltratado por la tristeza en las que predominaban las marcas de expresión y algunas arrugas. Y para coronar la imagen de la desdicha de la tía, durante el velorio tenía su pelo repleto de canas y todo enmarañado ante un intento inútil de arreglar un mal corte. Toqué el timbre de la hermosa y espaciosa casa que había heredado mi tía de su difunto esposo pero no salió nadie, toqué varias veces más sin obtener respuesta. Me quedé sentado en la entrada pensando en que iba a hacer si mi tía no volvía mientras veo que en la esquina doblar una mujer con una enorme bolsa de compras. Estaba seguro que no era mi tía ...