1. Una velada inesperada


    Fecha: 05/04/2022, Categorías: Confesiones Autor: femerba, Fuente: CuentoRelatos

    ... el de ella, todo dentro de un respeto que causaba admiración y también mucha excitación.
    
    Uno de los hombres volteó a mirar a una de las mujeres y dijo, comadre, con usted si tengo confianza, y sin decirse nada más la fue penetrando. Tanto mi esposa, como yo, vimos como aquel penetraba a esa mujer. Había mucha familiaridad. Nelly, la esposa de aquel hombre, tan solo miraba, sin decir palabra. El dispuso de ella en varias posiciones y así estuvieron un rato. Pero, de pronto, el volvió a dirigir la mirada a mi mujer, que estaba siendo atendida por su compadre, el esposo de la mujer a la que acababa de penetrar.
    
    Ahora, los dos hombres, nuevamente se dedicaron a atender a mi esposa. Ella, para nada, rehusaba lo que estaba sucediendo, y les permitía que la tocasen e hicieran con ella lo que fuera. Parecía que disfrutaba el momento tal como se estaba presentando. Los dos machos se la turnaban, la volteaban como si la fueran a penetrar por su culo, pero lo único que hacían era frotar sus miembros contra su piel, por delante, por detrás, a brindárselo para que ella lo mamara hasta que, en un momento dado, aquellos hicieron explotar sus vergas en chasquidos simultáneos. Prácticamente se masturbaron con ...
    ... ella. Pasado esto se quedaron allí, reposando un rato y, pasados unos minutos, nos invitaron a que les dejáramos, pues podíamos gozar mucho más en el futuro, fue lo que dijeron.
    
    Para mi fue extraño, pues nunca había tenido la oportunidad de ver a mi mujer sumergida en un bacanal como ese y percibir como disfrutaba. Para nada le importó que se tratara de extraños. Su cuerpo respondió a las caricias de todos ellos y gozó lo que en su momento sintió. Poco después y pasado el agite de todo aquello, nos despedimos. Ellos, desnudos, como estaban, nos acompañaron hasta la puerta, no sin antes darle a mi mujer un último apretón en las nalgas y un beso de despedida. Ella, casi que decide quedarse nuevamente…
    
    Después, ya en nuestro hogar, conversamos sobre lo que había pasado. Me pasó por la mente pensar que ellos, vengando al muchacho que había rechazado mi mujer en aquel lugar, y que a lo mejor era conocido, hicieron todo lo que él no pudo hacer. De todos modos, quedó pendiente que la penetraran, no sé si por la excusa de la falta de condones o, a propósito, para que ella se sintiera también un tanto rechazada, y frustrada ante lo que pudo ser y no fue. Lo cierto es que aquello fue una velada inesperada. 
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