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El secreto de la enfermera Jazmín (candente)
Fecha: 20/04/2022, Categorías: Confesiones Autor: Donni, Fuente: CuentoRelatos
Una expresión de tristeza hizo brotar una pequeña lágrima de los hermosos ojos de la enfermera Jazmín, la lágrima rodó por su mejilla y se soltó de su barbilla cayendo en los voluminosos pechos que asomaban en su escote. Arrastré mi silla al lado de Jazmín, me senté y puse mi mano en su hombro para darle consuelo. -Tranquila, todos cometemos errores, eso nos hace humanos. -Lo sé, pero yo me siento sola, me he sentido abandonada por Alberto desde hace mucho. -No, mira, tranquila, no estás sola, cuentas con Mari y también conmigo si necesitas hablar en cualquier momento. Parte de la magia en las terapias psicológicas es hablar sobre lo que te abruma, eso esclarece tu mente y con nosotros te ahorras el costo de la terapia –dije tratando de hacer reír a Jazmín. -Bueno, ahora que tocamos el tema, quizá podamos ser confidentes. Te contaré. –agregó. Jazmín procedió a contarme el motivo de su pesar. Y me permitiré contarlo como ella me lo contó a mí. "Todo empezó una noche luego de una larga discusión con Alberto. Yo tenía que cubrir mi turno en el hospital. Esa noche debía cubrir desde las 9 pm hasta las 9 am del siguiente día. Llegué al trabajo enojada y frustrada. Mi trabajo aunque cansado a lo mejor me despejaría lo suficiente para olvidar las tonterías de Alberto. Esa noche cubría la unidad de medicina interna de hombres. Habían transferido a un nuevo paciente, su nombre era Edgar. Un hombre de unos 37 años, 1.80 m como de 75 k, atlético, con ...
... pectorales y abdomen bien marcados. Mis compañeras y yo cuidamos a todos nuestros pacientes sin preferencia alguna, sin embargo, ellas ya bromeaban sobre quien sería la afortunada de atender al señor Edgar ya que el sujeto era muy atractivo, tenía un cabello abundante y sedoso, unas cejas bien talladas naturalmente, una nariz respingada, un mentón que ostentaba una masculina barba y unos labios muy apetecibles. Desafortunadamente el señor Edgar había sufrido un accidente hace poco y una contusión le había dejado en coma. Los médicos continuaban trabajando para curarlo, pero los esfuerzos hasta ese momento eran en vano. Acababan de transferirlo a mi unidad y su camilla era un desastre, las sabanas estaban sucias, el señor Edgar necesitaba un baño urgente antes de ingresarlo a la unidad. Carol, holgazana como siempre, decidió hacer el papeleo dejándome a cargo todos los cuidados del señor Edgar. Lo llevé a una habitación privada y procedí a preparar lo necesario. Necesitaba hacerle un baño de esponja (bañar y vestir al paciente en su propia cama), cambiar las sábanas, etc. Llevé mis implementos y comencé mis labores. Comencé quitando las sábanas sucias, luego con delicadeza, retiré la bata del señor Edgar. Quedé impresionada al ver esa figura muy bien tallada. Lucía como el tipo de hombre que se ejercita pero sin excederse. Sus abdominales, aun estando relajados marcaban una forma de “V” que descendía hasta su pubis. Mi asombro solo aumentó cuando retiré el pantalón que ...