1. El secreto de la enfermera Jazmín (candente)


    Fecha: 20/04/2022, Categorías: Confesiones Autor: Donni, Fuente: CuentoRelatos

    ... pesada verga reposaba hacia arriba sobre su abdomen, su longitud sobrepasaba ligeramente su ombligo. Y su grosor, ni hablar, no era capaz de cerrar mi mano ante semejante circunferencia. Eran 22 cm de puro placer y gloria. Lo sujeté con ambas manos y comencé a masturbarlo.
    
    Cuanto más lo masturbaba más parecía inflamarse, una enrojecida cabeza goteaba líquido seminal por su orificio mientras las venas se marcaban a lo largo de todo el pene. Me comía ese glande como un helado, jamás había sentido tanto placer, era la verga más deliciosa que había probado. Su zona púbica estaba muy bien afeitada aunque él era velludo.
    
    Me subí sobre él, abriendo mis piernas lo acomodé entre ellas. ¡Uf! ¡Qué delicia! Era como sentarse sobre un tronco pero terso y suave. Yo estaba casi tan enjabonada como él. Me incliné para besar sus labios, eran suaves y aunque inmóviles estaban deliciosos. Los devoré mientras me masturbaba el clítoris con la punta de su glande.
    
    El jabón hacía que todo estuviera resbaladizo, mis jugos brotaban como fuente sobre su verga endurecida, introduje el glande en mi vagina. ¡Santo Cielo! Jamás había sentido mi vagina estirarse de esa manera. Era casi como sentir una mano tratando de entrar en mi estrecha concha. Continué masturbándome con su glande hasta que mis flujos remplazaron el jabón por completo. Su pene ahora estaba barnizado con la caliente lubricación de mi sexo.
    
    Lo intenté de nuevo, introduje esa gigantesca cabeza en mi vulva. ¡Mierda! Era lo ...
    ... más delicioso que jamás había sentido. Dolía un poco, pero pronto me adapté a su descomunal tamaño. El grosor de aquella verga presionaba por dentro mi punto G. estimulándome de manera sobre humana. Fui sentándome sobre aquella inmensa, firme y dura erección dejándome penetrar como una perra. Mi vagina había alcanzado sus límites, se expandió al máximo a lo ancho y a lo profundo. Sentí su glande llegar al fondo de mi vagina y presionar contra mi útero.
    
    Un pequeño dolor me advirtió sobre mi limitada capacidad anatómica. Bajé mi mano para sentir su verga, aún quedaba una tercera parte de ella fuera de mí. Estaba tan excitada que mis caderas comenzaron a moverse de arriba abajo, engullendo esa gigantesca verga dentro de mi sin parar. Mis fluidos escurrían sobre sus hinchados testículos que brincaban al compás de mis cabalgadas. Mis glúteos rebotaban amenizando cada embestida. No podía contener mis gemidos, quería gritar. Por suerte el bullicio del gentío fuera de la habitación mitigaban aquella lujuriosa melodía de gemidos y chapoteos.
    
    Comencé a sentir los espasmos en el pene del señor Edgar que hacían que se hinchara un poco más dentro de mí. Era el aviso de su orgasmo. Aproveché la viscosidad de aquel manjar para penetrarme esa verga por completa. No quería terminar aquella experiencia sin vivirla al máximo. Dejé caer todo mi peso sobre aquel tronco sobre humano.
    
    Sentí su pubis chocar con mi clítoris y sus testículos exprimirse entre mis nalgas estimulando mi ano. La ...