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Buscaba un sugar daddy y encontré mucho más
Fecha: 29/04/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: DAMECANDELA, Fuente: CuentoRelatos
Tengo 22 años y como no tengo interés en sonar humilde, voy a admitir que estoy buenísima. Tengo un pelo rubio, lacio y largo que me llega a la mitad de la espalda. Me gusta llevarlo suelto, creo que es un gran arma de seducción. Mido 1,65, Tengo unas tetas grandes que me gusta llevar bien visibles, una cintura pequeña, abdomen marcado de gimnasio, piernas firmes y entrenadas, y un culazo espectacular. En cuanto a mi cara, tengo unos labios carnosos, una nariz pequeña y linda, y ojos grandes y verdes, enmarcados en unas pestañas naturalmente arqueadas. No me gusta la falsa modestia, así que prefiero hablar con sinceridad. Hombres y mujeres se voltean en la calle para mirarme pasar. Y yo, que soy consciente de mi gran atractivo, me paseo con altanería, mirando fijamente y provocativamente a quienes me contemplan con deseo. Podrán imaginarse que siempre me ha ido muy bien con los hombres, he tenido prácticamente a todos los que he querido. Sexualmente he hecho todo lo que quise, aunque no tuve tanto éxito en mis relaciones, ya sea por celos por parte de mi pareja, o por no querer dejar de coquetear con cualquiera que se me cruzara. A mi corta edad ya he experimentado en el plano sexual más que mucha gente madura, y he llegado a aburrirme un poco. Generalmente pongo altas expectativas a los encuentros y me voy decepcionada y nada satisfecha. Por otro lado, al terminar mis estudios secundarios, ingresé en la universidad para estudiar abogacía y comencé a trabajar en ...
... un estudio jurídico, donde mis atributos me han dado beneficios y también perjuicios, ya que en un ambiente tan machista se suele creer que si eres linda no puedes ser inteligente, y que necesariamente has alcanzado tus logros acostándote con algún superior. Y en lo profesional no había sido así. Soy una persona responsable y estudiosa, y me considero muy buena en mi trabajo. No ganaba mal en el estudio, pero el salario se me iba rápido entre el alquiler de mi hogar, los cursos pagos que realizaba, el gimnasio, el terapeuta, y alguna que otra cosa más. Había tantas cosas que no llegaba a hacer y tantos deseos que dejaba de lado por no tener el dinero, que mis amigas me recomendaron que me consiguiera un sugar daddy. Todo empezó como una broma, un chiste interno en el que ellas me decían que debería usar mis llamativos dotes para algo útil. De cualquier manera ya estaba aburrida de mi vida sexual habitual, siempre con hombres preciosos y jóvenes, fuertes, pero que al final ya no me daban nada novedoso. - Vas a hacer feliz a un pobre tipo que no va a poder creer que se come ese culo, y además vas a poder conseguir todas las cosas que querés. Todos ganan. - me dijo un día mi amiga Luego de que la idea rondara durante un tiempo en mi cabeza, me decidí. Pero ¿cómo hacía?, ¿dónde se encontraban? Yo sabía que lo único que debía hacer era encontrar el hombre adecuado, elegirlo, y seducirlo. Las chances de que me rechazaran eran realmente pocas, y más en un hombre de la ...