1. Felicia


    Fecha: 06/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... mucho a las playas de Mojácar, y aquí en la terraza me pongo como las lagartijas, siempre desnuda— de un marrón achocolatado mate que parece imposible conseguir de manera natural.
    
    La espalda sinuosa me resulta muy atractiva, pero su culo es llamativo, cojonudo, quizás un poco grande —debería decir excitantemente grande— para el tamaño de su cuerpo, pero con elegante y estilizada forma de pera, de nalgas altas, prietas, firmes, anchas y al mismo tiempo alargadas, separadas por una estrecha raja, abriéndose al final para dejar ver la apretada roseta marrón del ano y los brillantes labios sexuales.
    
    Estoy empalmao como un verraco. Es lo menos que se merece el cuerpo de Felicia. Se ríe, se acerca, y sin ningún preámbulo, coge la polla con una de sus manos al mismo tiempo que se arrodilla y comienza a lamer mi capullo, muchas veces, con la lengua muy ensalivada, utilizando su otra mano en apretar sin demasiada fuerza mis testículos. Me mira a los ojos, vuelve a sonreír y se mete la polla en la boca, como hasta la mitad, moviendo la cabeza adelante y atrás hasta que de repente se la mete entera. Tiene su mérito, muchas de las mujeres que me la han chupado no han conseguido —o no han sabido o no han querido— meterse todos los veintitrés centímetros y medio de largo por cinco de ancho, con un capullo acampanado más grueso aún.
    
    Mete y saca la polla entera muchas veces, sin valerse de las manos, que las tiene puestas en mi culo, besando mi pubis cuando la tiene metida del ...
    ... todo, en una demostración de ir sobrada que me encanta, sin dejar de mirarme a los ojos, con una alegre expresión en su cara, contenta, satisfecha. Me está dando una mamada buena de la hostia, pero quiero metérsela en el coño, así que se lo digo con total naturalidad e, inmediatamente, se levanta, se acerca hasta el cercano sofá, me pregunta sonriendo —¿te gusta así, puesta de perra?— y mueve muy ligera y lentamente el culo, a derecha e izquierda, arriba y abajo, en una cámara lenta que me resulta caliente y excitante a tope. En ningún momento me ha dicho que me ponga un preservativo —sí, llevo uno en el bolsillo, sin caducar, por supuesto— y yo paso del asunto.
    
    Poso mis manos sobre su cintura y las nalgas, me sujeto con fuerza, acerco la punta de la polla a la entrada del chocho y empujo, sin parar, de manera constante, hasta que se la tengo metida toda entera. Me detengo unos instantes a disfrutar la sensación de húmeda suavidad, del calor y los leves espasmos de las paredes vaginales que parecen darle la bienvenida a mi pene con roces y ligeros apretones. Oír hablar a Felicia es un añadido de excitación y de seguridad en mí mismo: me llenas, Sergio, qué polla más grande tienes. Es la señal de comenzar a follar con ganas.
    
    Le estoy pegando unos pollazos tremendos, fuertes, profundos, con el ritmo rápido que va demandando mi polla, inmerso en los ruidos provocados por el entrechocar de mis muslos con las nalgas de Feli, el blup-blup del entrar y salir del pene en el ...
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