-
Felicia
Fecha: 06/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... buena corrida. No pregunto, no tengo todavía confianza personal. Tengo curiosidad por lo que pueda significar el tatuaje que lleva. Le pregunto con muchas dudas, se ríe con ganas, y me cuenta: —Rafael se llama mi exmarido, un rubito guapo, de ojazos verdes, pijo de familia bien, tío bueno como para gritar, de pádel diario, arquitecto, simpático, con polla grandecita, traviesa, y, según él, listo como el que más. Tan listo fue que se tiraba a media docena de mujeres cuando una amiga despechada, porque no quería follársela más, me lo contó. Le monté un escándalo en el estudio de su padre, en donde trabaja, me pegó delante de todos, le denuncié, nos divorciamos, mi abogada le sacó todo lo que pudo, que fue mucho, y por entonces me hice el tatuaje, para recordarme cada vez que estoy con un tío que ese gilipollas no se merecía follar conmigo, aunque he de reconocer que le quise mucho, y que gracias a los cuernos que me puso y las hostias que me dio, vivo estupendamente sin trabajar. Hay que estar mal de la cabeza para dejarse perder las folladas con esta mujer. Bueno, quién esté libre de culpa… La primera noche fue todo un feliz descubrimiento, no me podía creer mi suerte. Lo verdaderamente cojonudo es que ha tenido continuación. Ya hace unos seis meses que Felicia y yo follamos. Es difícil hablar de otra manera de nuestra relación, somos amigos, sí, nos llevamos muy bien, tenemos confianza, congeniamos y estamos a gusto juntos. No es que yo me guíe por esa ...
... frase tan manida de que solo hay dos cosas importantes en la vida, la primera es el sexo, y la segunda… no me acuerdo, pero siendo soltero total, solvente económicamente, atractivo para algunas mujeres y con una buena polla, me parece razonable darle al sexo la importancia que tiene para mí, que es mucha. En especial con una mujer que me satisface de cualquier manera que me apetezca. Nos vemos dos o tres veces por semana, salvo cuando se va en plan nudista diez o doce días seguidos a un apartamento que tiene en las playas de Mojácar —bendito divorcio, exclama al hablar de ello— y a donde me ha invitado a ir con ella esta próxima Semana santa. Vamos al cine, cenamos, tomamos unas copas, y nos vamos a su casa a follar. Sin problemas. Ella mantiene desde hace tiempo un rollo con un amigo gallego —meu novio Anxo, dice de él— casado, que viene a Madrid cada tres o cuatro meses. Desde la noche del viernes y durante todo el fin de semana, está desaparecida en el céntrico hotel en el que siempre se aloja el tipo, follando sin parar, hasta que el lunes después de comer, el gallego coge el tren y vuelve a su restaurante de Vigo, a su mujer y sus hijos. Y hasta la próxima vez. Si le apetece follarse a alguien tampoco se corta un pelo —en teoría lo hacemos ambos, pero yo no he estado con otra mujer desde que la conozco— aunque me dice que no lo ha hecho últimamente, que le gustan mi forma de ser y mi aspecto de hombre fuerte y viril, y no necesita de más tíos, al menos de ...