1. Felicia


    Fecha: 06/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... momento.
    
    Sigo pensando que Feli no se corre, no tiene orgasmos. Su satisfacción íntima se centra en darme gusto como sea, como yo le pida o como ella crea conveniente si toma la iniciativa. Me va muy bien, no pregunto.
    
    Otra cosa que me resulta curiosa es que no recuerdo haberme besado con ella prácticamente nunca, salvo quizás como saludo o como bienvenida, o un piquito en un momento puntual de alegría, pero dado que no necesita de ningún preámbulo para empezar a follar ni tampoco la ficción de que mantenemos una relación sentimental además de sexual, pues no lo echa de menos. Yo tampoco.
    
    Si las primeras veces que estuve con ella tenía algún reparo en pedirle determinadas cosas que otras mujeres sé que no quieren hacer porque les parece una guarrada o les ofende de una u otra forma, con Felicia se me han pasado los temores o posibles vergüenzas.
    
    Ya he comentado que esta mujer maneja la lengua con una soltura y destreza increíbles, poniéndola ancha y gruesa cuando lame y fina y alargada cuando puntea o penetra con ella. Uf, es algo tremendo.
    
    Ahora mismo está centrada en mis huevos. Los lame los dos a la vez y por separado, con mucha saliva, sin prisas, sin dejarse ni un milímetro por recorrer. Cómo me gusta que se los meta dentro de la boca, es una sensación fabulosa que, además, me da un plus de excitación porque en mi particular imaginario sexual es el preámbulo de algo que me encanta: que me coma el culo. Me vuelve loco de excitación cuando lo hace.
    
    Estoy ...
    ... arrodillado en el borde de la cama, doblado por la cintura boca abajo, con la cabeza apoyada en una almohada. Tengo las rodillas muy separadas y Feli tiene sujetos mis huevos con una de sus manos, apretándolos, estirándolos, sin demasiada fuerza —me suele gastar la broma de decir: si te llamas Rafael, te los arranco— mientras que con la otra acaricia sin parar la entrada de mi culo, en círculos, arriba y abajo, metiendo uno de sus dedos, apretando con la yema del dedo gordo, abriendo poco a poco el ano, masajeando y facilitando la apertura del esfínter, ensalivando constantemente, pasando la ancha gruesa lengua o penetrando, metiendo solo la fina y estrecha puntita. Todo ello con mayor o menor intensidad, según le parece, excitándome a un nivel increíble, hasta que decide pasar a un ataque más directo, empuja con la lengua y la mete todo lo que puede, adelante y atrás, muchas veces, moviéndola también de lado a lado, con un ritmo que acompasa al movimiento que ha comenzado con su mano derecha en la tranca, masturbándome sin dejar de penetrar mi culo con su lengua.
    
    Solo duro unos pocos minutos más. Me corro con un orgasmo profundo y sentido, largo, eyaculando muchos chorros de blanco semen. ¡Qué bueno es!
    
    Suele limpiarme el capullo con la punta de la lengua recogiendo los restos de mi leche de hombre, y después la mete en mi boca —no sé si puede considerarse un beso— para que compartamos el semen que pueda quedarle. Eso le gusta y le hace reír.
    
    No voy a mentir, dadas ...
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