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¿Con Melón o con Sandía?
Fecha: 06/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... apretando y aflojando de una manera tan parecida a como lo hacía Elenita. En algún lado había escuchado que a eso le llamaban “perrito”... Y vaya que tratándose de eso, la gorda tenía, y muchos... De modo, que al iniciar el vaivén, en combinación con el “perrito” de la gorda, se convirtió aquello un encuentro memorable hasta la médula. Esta vez, ya no se contuvo, soltó la voz, y bien. Sus gritos, la forma en que se estremecía, la forma en que me gritaba que me detuviera, pero simultáneamente me incitaba a que le diera más. Se alzaba en todo lo alto, enderezando su espalda casi en su totalidad, para luego dejarse caer de golpe, haciendo crujir la cama, hundiendo la cabeza entre las almohadas y elevando su culo en pompa. Y cuando, al final, se vino; aquello no era la humedad clásica de un orgasmo, era un verdadero torrente, expulsado a presión, que me dejó anonadado, al grado tal, que ya me fue imposible controlarme y la acompañé en su orgasmo, viniéndome en sus adentros, en una eyaculación abundante y duradera, cuyos espasmos continuaron estremeciéndome por largo rato, aún cuando ya no expulsaba nada más. Cuando ambos nos derrumbamos y mi miembro abandonó su refugio, ya lo estaba extrañando, ansiando el momento de volver a incrustarme en él. —Es usted un malvado... Lo voy a demandar... —Pero yo no la he obligado a nada... Creí que lo habíamos hecho de común acuerdo. —En parte... Pero usted no me ha hecho el amor, esto fue un intento de homicidio... Pero ni ...
... crea que me va a matar tan fácil, se tiene que esforzar y mucho... —Trataré de hacerlo mejor la próxima vez. —¿Me lo jura? —¡Se lo juro! Y nos besamos, con ternura, reposando, tras la vorágine que nos había arroyado, y tras la cual, apenas nos dábamos cuenta de que la jauría de perros había estado aullando, ladrando y chillando incesantemente, casi desde que habíamos comenzado a amarnos en su lecho. —Déjelos que ladren todo lo que quieran —le dije, aferrándola al lecho, haciéndola desistir en su intento por ir a calmar a los perros. Ella me acarició el rostro, y sonriendo, me volvió a besar tiernamente. —¿Tiene hambre? —Me preguntó, tras percibir un leve gruñido de mis tripas. —Un poco, sí... —Lo tuve que admitir, a pesar del suculento platillo que me acababa de “jambar”. —Pues yo no voy a permitir que “mi hombre” pase hambre... Ella se levantó y encaminó su robusta desnudez hacia la cocina. Entrecrucé los dedos de ambas manos tras la nuca, para procurarme un mejor apoyo al contemplarla, desde el lecho tenía una perfecta visión de la cocina, donde ella maniobraba, portando su desnudez con gran naturalidad, eso me encantó, a tal grado, que cuando ella ya volvía con una charola en las manos. Mi pene erecto interfirió en el ángulo de visión que de ella tenía. —El postre hasta después de comer, querido... —Me dijo, sonriendo pícaramente al notar que Satanás estaba otra vez alebrestado. —Como tú ordenes, cariño... Como tú ordenes... Los dos más ...