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Autobiografía sexual (Parte 11): Especialista en precocidad
Fecha: 27/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos
Empezó una nueva semana de trabajo, luego de una semana intensa en la que me acosté con cuatro hombres. Tristemente, me bajó la regla y supuse que sufriría toda esa semana. Lo único que me hacía feliz era que cobraría la jugosa cantidad que valió mis servicios sexuales realizados al juez y a los socios del despacho. Entré a la sala de mi jefe, nos saludamos y procedió a pagarme en efectivo, dándome como desinteresadamente un extra por haberle hecho un oral a él. De pronto, se me salió lo puta. —Oiga, pero me está dando lo que valen varias mamadas. —¿Te parece? —Sí, sobre todo por lo que duró —dije sin pensarlo bien y solté la carcajada. —No te reirías si fueras hombre y pasaras por lo mismo que yo. —¡Y qué bueno que no soy hombre! Aunque cuando estoy en mis días quisiera serlo, como hoy. —Y yo quisiera ser mujer para que mi vida fuera más fácil. Me acostaría con un hombre rico o vendería mi cuerpo y tendría dinero fácil todos los días disfrutando de lo que hago. —Sí que está de malas. Parece que el que está en su periodo menstrual es usted. —Mira, ya te pagué. Ahora, ¡largo! Sin duda, no fue un buen momento para bromear con mi jefe. Por cierto, hasta este punto no lo había descrito físicamente y es que sería la envidia de muchas mujeres: Era rubio, ojos verdes, de estatura mediana, flaco y lampiño. No se podía negar que era guapo y además, los 45 años que decía tener no se le podían creer. Su situación sexual me puso a pensar y querer ...
... empatizarme con los eyaculadores precoces, tanto que ese mismo día investigué al respecto y me volví una experta en el tema, o eso creía yo. Al día siguiente, mi jefe tuvo una junta y al terminar le pedí que me permitiera hablar con él a solas. Luego de que me lo concedió, me acerqué a su escritorio caminando lentamente, como seduciéndolo y me incliné hacia el frente, dejándole ver mis pechos a través de mi escote y viéndolo con mirada coqueta. —¿Qué se te ofrece, Lorena? —preguntó algo sacado de onda. —Una probadita de su verga, mmmm —dije sensualmente. Subí una rodilla a su escritorio y después ya estaba a gatas arriba. Estaba segura de que mis pezones se alcanzaban a ver desde su perspectiva. Le noté el bulto bajo su pantalón, así que me senté sobre el escritorio frente a él y me alcé lentamente la falda, acompañando con movimientos de mi trasero de un lado a otro y de abajo a arriba. Al exhibirle mi culo entangado, lo restregué suavemente en su entrepierna y lo moví en círculos. También se lo azoté un poco, ya que no podía hacerlo bien por estar en mis días. Luego lo tomé de las manos y las llevé a mis senos, apachurrándolos junto con sus manos y comencé a gemir suavemente y decirle cosas provocativas al oído. —Se te siente bien grande, papi. ¿Acaso me quieres destrozar la panocha? —Detente, Lore. Por favor. Haciendo caso omiso, me deslicé hacia el suelo y me puse en cuclillas para poder desabrochar su cinturón con una mano y con la otra frotaba el bultote ...