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Memorias inolvidables (Cap 2): Don Timoteo Sampedro Tremedal
Fecha: 23/06/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... para contratar a la gente trabajadora, unas veces para la poda, otras la labranza, otras la limpieza del terreno en la base de los naranjos y otras veces para aclarar la naranja. Del riego se encargaba un señor, el tío Onésimo, que era muy amigo de mi padre y casi con las mismas costumbres. El tío Onésimo acompañaba a mi padre siempre que tenían que contratar gente. Íbamos a almorzar a un bar, yo comía por demás y guardaba silencio, pero todos me hacían caricias y mucho caso, yo les respondía sonriendo, siempre sonreía cuando iba con mi padre. Acabados todos los trabajos, mi padre me llevaba al mar. Me sujetaba mientras yo me quitaba mi ropa. Me la quitaba toda, porque después del baño tenía que vestirme para ir a la pensión a comer. Me bañaba desnudo ya de pequeño. Tengo que decir que yo acompañé a mi padre hasta que me fui de casa. Pero mientras era pequeño íbamos a la playa, que los niños se desnuden era habitual, solo que yo me acostumbré. Luego íbamos a la pensión, allí comía, hacíamos la siesta y a media tarde, cuando ya no calentaba el sol, mi padre iba al casino y yo le acompañaba, tomaba mi refresco mientras miraba el juego sentado en una silla sin decir ni una palabra. Con esos hombres aprendí todas las palabrotas, tacos, blasfemias e injurias que me sé, que no son pocas. Ellos las decían sin mala intención, si las digo yo es porque voluntariamente tengo toda la mala intención que me sale de mis huevos. Sé que es una putada, pero «C'est la vie comme elle ...
... est». En la noche dormía en la misma habitación que mi padre. El se acostaba con su calzoncillo de canal y yo con mi calzoncillo. De pequeño no pasaba nada, pero ya jovencito se me ponía dura y no podía dormir, ni dormía mi padre. Entonces se levantaba, me enviaba al baño y esperaba a que me masturbara, es una de las cosas que siempre me aconsejaba mi padre cuando me ponía nervioso para que me relajara. Y para concluir con mis recuerdos de estos viajes privados con mi padre, ya era yo mayor, vamos, había cumplido mis 18 años, acompañé a mi padre y al tío Onésimo. Mi padre me dijo que yo estaba invitado a acostarme con una mujer y descargar todas mis «penas» —elegante eufemismo— y le dije: — Mejor preguntas si hay algún puto, me gustaría más que una puta. — ¿No serás maricón, hijo?, —preguntó mi padre. — Igual sí, ¿qué más da una tía o un tío?, —contesté. — Tiene cojones tu hijo, tiene cojones…, —dijo el tío Onésimo. Los dejé en el lupanar y como yo ya sabía de otras veces, me fui a buscar por la fuente que es donde solían estar. No me gustaban todos. Los mal encarados, los sucios y los que descubría que solo querían un polvo y unas monedas los descartaba. Pero ese día había un chico guapo, alto como yo, me miraba con ganas y yo a él. Me acerqué: — ¿Tú cobras?, —pregunté. — Propiamente no, pero si me lo dan, tampoco me sobra, —respondió sinceramente. Nos fuimos primero a un bar de puta mierda que había cerca con la idea de tomarnos unos vinos para ...