1. Memorias inolvidables (Cap. 8): José Alpuente, el joyero


    Fecha: 20/07/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... un movimiento lentísimo, insoportablemente placentero, mientras compartíamos el glande que aparecía entre los dos como un fruto exquisito. Sin embargo, Eduardo empezó a dar caña, tal como ellos ya habían quedado, como compensando el haberme liado para hacer el trío con el sexo que a mí me gustaba. Agarró la cabeza de José con las dos manos y comenzó a follarle la boca hasta la garganta. Estaba claro que el chico disfrutaba, pues los gemidos claramente lo delataban, pero casi no podía abarcar el gordo tronco, y por la comisura de la boca le caían hilos de babas que yo recogía con la lengua, convertido ya en un auténtico cerdo sin inhibiciones. Cuando sonó la primera e inevitable arcada, Eduardo cambió de boca, pero solo durante unos pocos segundos. Se arrodilló para besarme y me susurró:
    
    — ¿Quieres ahora las dos pollas a la vez? Dime que sí, porque me da lo mismo, guapo.
    
    Asentí, medio gimiendo, y José lo cogió al vuelo. Me sacó su polla de mi culo y me hizo ponerme a cuatro patas, dejando sitio a Eduardo para que se zambullese debajo de mi cuerpo. Eduardo mantenía con la mano las dos pollas juntas a la entrada de mi culo, y empujaron a la vez como en una coreografía perfectamente ensayada. Nada que ver con meterme la polla de mi chico junto a un juguete. La calidez de los dos miembros me llenaba por completo, y acabé con sus reticencias a follarme demasiado a lo bestia aportando mis movimientos a los suyos, clavándome sus penes todo lo posible. Aun así, quería más, así ...
    ... que los reorganicé: los puse a los dos boca arriba, en posición contraria, sus culos juntos y unidas sus pollas, y me senté sobre ellos, lanzándome a una cabalgada frenética que culminó, apenas pasados un par de minutos, en lo inevitable: con el roce de la próstata, mi polla entró en un orgasmo volcánico sin necesidad de tocarla. Mi polla parecía de verdad un volcán en erupción. No me corrí expulsando mi corrida por todas partes, sino que, con unos intensos borbotones, un semen espeso y muy blanco se derramó por todo el tronco de mi pene, resbalando por mis huevos hasta el pubis de mis dos activos, los cuales entraron en amistosa pugna por mi semilla derramada. La recogían con los dedos y se la metían en la boca como un manjar de dioses. Fiel a su costumbre, mi pene no dio muestras de haberse corrido y siguió como una piedra. Tampoco mi excitación disminuyó lo más mínimo. Era mi turno y yo estaba en ello.
    
    — Vamos, poneos a cuatro patas, —dije ordenando.
    
    Las órdenes en el sexo se obedecen solo por el placer que van a provocar, pero se obedecen, así que me obedecieron y eché un escupitajo denso y espeso contra el culo de José. Mientras le metía un dedo, le comí el culo a Eduardo. Al poco rato cambié, abriendo los dos agujeros para mí.
    
    — ¿Quién quiere ser el primero?, —pregunté por puro placer.
    
    — Lo más correcto es que sea nuestro invitado, —dijo Eduardo con una sonrisa picarona de quien dice, «conmigo te esperas».
    
    Así pues, se la metí a José de una sola tacada, ...
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