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NOCHE DE BIRRAS CON UN COLEGA HETERO, I.
Fecha: 24/07/2022, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Termina la comida en aquel barecillo que tanto nos gusta visitar a Pablo y a mí. Los platos son geniales y el precio muy asequible, además su cercanía a la oficina donde ambos trabajamos hace que lo visitemos regularmente. Nos despedimos rápido puesto que, como siempre, el tiempo se nos ha echado encima y llego tarde a trabajar. Con un beso en los labios nos decimos adiós dirigiéndonos cada cual a nuestro coche, Pablo tiene el día libre y se va a pasar el día a casa de sus padres. Justo cuando abro la puerta del vehículo veo que me saluda Andrés. Andrés es un colega al que no veía desde varios meses atrás. Insiste en quedar para tomar unas cervecillas y explicarme cómo le va todo. Se ha separado de su mujer recientemente y me da la sensación que necesita contarle a alguien que no le va tan bien como desearía. El hecho de terminar el trabajo a las diez y de que Pablo no esté me anima a quedar a cenar esa misma noche. Pasados cinco minutos de las diez voy al parque donde he quedado en recoger a Andrés. Le veo a lo lejos y, tras avisarle de mi llegada con las luces del coche, me dirijo hacia él. Está apoyado en una farola, fumándose un cigarrito y vestido con unos vaqueros azules por encima de las rodillas y una camiseta que deja a la vista los tatuajes de sus dos brazos. No puedo negar que es un chaval muy atractivo, no es el típico guaperas pero a mí me ha motivado más de una paja en el sofá imaginando cómo sería comerle el cipote. Ese aspecto masculino le provoca ...
... un morbazo que me vuelve loco. Tras un apretón de manos y el típico “hijo de puta cuánto tiempo” seguido de “si que lo hace cabronazo” nos dirigimos a mi casa. Hemos decidido quedarnos en el piso para poder hablar más cómodos y sin nadie cerca que pudiese jodernos la intimidad. Cenamos poco pero llenamos la tripa con litros de cerveza fresca, es lo único que quita este asfixiante calor. Estamos en la terraza repasando aventuras de tiempos pasados en que el único objetivo era disfrutar sin plantearse las complicaciones del trabajo o la familia. Al estar tan animados decidimos continuar con un gintónic que se sigue de dos más cada uno, son casi las dos y media. El efecto del alcohol es innegable y el volumen de la conversación provoca que los vecinos se despierten. A pesar de no quejarse, han abierto la luz de su habitación. Para no molestarles más decidimos bajar al comedor y continuar con el gintónic en el sofá. La verdad es que el ambiente es muy agradable. Hablamos de buenos recuerdos pero, evidentemente, su rostro cambia cuando me cuenta la separación con su mujer. Rocío le pidió el divorcio un día mientras cenaban, él no se esperaba nada y desde entonces está bastante jodido. A pesar de poder ver a su hijo todos los días el hecho de no vivir con él ha enfriado parciálmente la relación. Tras la charla de penas y posibles soluciones radicalmente cambia de tema y me explica que lo que peor está llevando es el hecho de no tener sexo desde hace varios meses. Entre ...