1. Te comería el culo y te cagarías de gusto


    Fecha: 23/08/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Hace un par de años.
    
    Ya era casi de noche. Iba en mi auto cruzando el puente de la isla de Arosa cuando la vi haciendo dedo. Era una joven morena, de estatura mediana, ojos negros, con coletas, vestía unos shorts negros, una camiseta blanca de tiras, llevaba un bolso negro en bandolera y calzaba unas zapatillas de deporte blancas sin calcetines. Con el bronceado que tenía parecía mulata. Paré el auto a su lado. Me miró, abrió la puerta del auto y se metió dentro.
    
    -Hizo un día de perros -me dijo después de acomodarse en el asiento.
    
    -Si que lo hizo. ¿Vienes caminando desde muy lejos?
    
    -No, apenas caminé 300 metros. Un cabrón acaba de dejarme tirada por una discusión que tuvimos.
    
    -¿Quería tema y le dijiste que no?
    
    -Sí, no era mi tipo.
    
    -¿Y cuál es tu tipo?
    
    -Alto, rubio, de ojos azules, con un Ferrari, un chalet, joven y con un millón de euros en el banco.
    
    -Y dos huevos duros.
    
    -Y lo otro también.
    
    Íbamos cruzando el puente iluminado por farolas. Por mi ventanilla abierta llegaban el aire fresco con olor a algas y los graznidos de las gaviotas. Miré para sus largas y bronceadas piernas y después para los pezones de sus gordas tetas que se marcaban en la camiseta.
    
    -Parece que me quisiera desnudar con la mirada -dijo sin cortarse un pelo.
    
    -Me gusta admirar la belleza. No trato de adivinar que hay debajo de tus ropas. ¿Y a dónde te diriges ahora?
    
    -A casa.
    
    -¿Eres isleña?
    
    -No, okupa.
    
    -Eres del movimiento okupa.
    
    -Más bien del ...
    ... movimiento, hoy ocupo aquí, mañana ocupo allá...
    
    -Entiendo, por joder a la gente, vas ocupando lo que no es tuyo.
    
    Se puso altiva, cómo si lo que hacía estuviera bien.
    
    -Si le molesta mi presencia me bajo que el coche es suyo y el camino es de todos.
    
    -No me molestas, ahora ocupas lo que te dejaron ocupar. ¿Llevas mucho tiempo en la isla?
    
    -¿Por qué me lo pregunta? -dijo mirándome raro.
    
    -Por si me puedes indicar un restaurante donde se coma bien?
    
    -Comer bien se come en todos los restaurantes si se tiene dinero, pero tengo oído que en A Meca preparan un pulpo sabrosísimo, unas almejas a la marinera divinas, por no hablar de las centollas y del resto. Pescados, carnes, y dicen que la tarta de queso está para chuparse los dedos.
    
    -Pues ahí iré. ¿Me acompañas?
    
    -Sí, claro, puedo indicarle el sitio.
    
    -Digo si me acompañas en la cena.
    
    Se puso de decente para arriba.
    
    -¡Ah no! Eso tiene un precio y no estoy dispuesta a pagarlo.
    
    -El precio que tiene es el de hacerme compañía, lo otro, ni loco lo haría.
    
    Cambió de opinión.
    
    -Si es así, hace años que no voy a un restaurante.
    
    -Así es, para lo otro una muchacha cómo tú me mataría.
    
    -¿Padece del corazón?
    
    -Padezco otra enfermedad.
    
    -¿Cuál?
    
    -La madurez.
    
    -¿Ya no es sexualmente activo?
    
    -Estoy en paro.
    
    De repente pasó a tutearme.
    
    -¿Ya no haces nada?
    
    -Algo hago, pero en la economía sumergida.
    
    -¿Cómo qué?
    
    -Cómo trabajos manuales.
    
    -Ya, la próxima a la izquierda.
    
    -No, volverá a ser ...
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