1. La Dama De La Justicia


    Fecha: 03/10/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... escritorio. —Llámame si necesitas saber dónde está cada cosa. Siéntete como en tu despacho. Lo mío es tuyo —afirmó guiñándole un ojo, marchándose.
    
    Andrew salió de la oficina, viendo como la escuálida y pequeña silueta de Jonathan se perdía en el pasillo, confirmando que no quedaba nadie en la planta además de ellos dos. Volvió a ingresar al despacho sin hacer ruido y cerró la puerta con suavidad. Buscó a la pelirroja en la única sala iluminada del bufete y la halló delante de la gran estantería de Klein, encaramada, arriba de una silla que había arrastrado hasta allí, sin los altísimos zapatos de tacón, procurando alcanzar el archivo Felipi sin necesitar pedirle ayuda a él.
    
    Dio por sentado que si se ofrecía a ayudar iba a recibir un gran no por respuesta, por lo que se entretuvo unos segundos viéndola. Físicamente no había cambiado nada, Eurídice con los años que tenía, probablemente provocaría suspiros y quitaría el aliento. Su bleiser de color verde persa a juego con su falda entallada le hacía honor a su figura y su trasero respingón. Sus piernas tostadas estaban descubiertas a pesar del frío que estaba haciendo afuera y las ondas de su cabello parecían lava deslizándose por la espalda. Pudo haberla observado toda la tarde, pero cuando la vio a punto de resbalar del asiento, sus reflejos fueron más veloces que mil motores y corrió en su dirección, salvándola de una caída estruendosa.
    
    Andrew la levantó sin el mayor esfuerzo y se lamentó tan rápido como sintió su ...
    ... cuerpo. Eurídice ahogó un grito y miró furiosa a Andrew mientras él olía el delicioso y delicado aroma a lilas que Eurídice desprendía. Seguía oliendo igual que hace más de quince años.
    
    —Suélteme señor Vial.
    
    Esperar un gracias y pensar que existía una tregua después de lo de hace unos minutos sería demasiado pedir y Andrew no se extrañó de su osco y mesurado tono de voz. Tampoco de que se empeñara en llamarlo señor Vial y no Andy como hizo en otra época. Lo que realmente le extrañó es la ausencia de una alianza en el dedo anular.
    
    —Deje a un lado su orgullo abogada, que pedir un poco de ayuda no le vendría mal. Así no tendría que ampararle de una caída tan fea. Puede darme las gracias luego —emitió con sequedad. En menos de dos horas, se había reencontrado con un viejo amor del que no sabía nada en muchos años y esta, iba a intentar probar la inocencia de su hijo. Ahora la tenía entre sus brazos, pero nada era igual que antes. Ella estaba cambiada. Era una desconocida, no sabía ya a quién poseía en sus manos.
    
    —Se las daré después de que usted me agradezca sacar a su hijo de la cárcel. Claro, siempre y cuando no tenga más secretos que contarnos.
    
    Andrew refunfuñó soltándola como si fuera venenosa y se subió a sacar el archivo Felipi mordiéndose la lengua. Eurídice se puso los altísimos tacones, y caminó hasta el asiento en la silla de Jonathan como si fuese suya, apoderándose de la situación. Andy bajó y arrastró la butaca de vuelta a su lugar, para sentarse frente ...
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