1. La Dama De La Justicia


    Fecha: 03/10/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... contacto visual —¡Mírame cuando te hablo!
    
    Eurídice se volteó para confrontarlo. No estaba acostumbrada a que nadie la acorralara hasta sentirse pequeña e insignificante.
    
    —¡Entonces por qué no se lo dijiste a Jonathan en cuanto entraste por esa maldita puerta!
    
    —¡Por la misma razón que tú seguiste ahí sentada cuando supiste que era yo! —Andrew respiraba endemoniado. No soportaba tenerla tan cerca y no poder tocarla. Quería hacerlo, quería recordar viejos tiempos. La fuerte química sexual entre ellos era algo difícil de olvidar. Tenía que sentirla de nuevo o se volvería completamente loco.
    
    Vial dio dos grandes zancadas hasta que extinguió por completo la distancia entre ellos e inclinó la cabeza para un gran beso. Un beso brusco, agresivo, lleno de recuerdos. Fue un acto impulsivo e impertinente, como pocas veces había sido en la vida. Eurídice abrió la boca estupefacta y le siguió el beso furiosa, incapaz de detenerse. Andrew le ahuecó el rostro entre las manos y le raspó la suave piel de sus mejillas con la barba. Había pasado tanto tiempo desde que habían estado juntos. Ella tuvo muchas otras parejas, pero ninguna pudo despertar el apetito sexual desbordado que le provocaba Andy. Él por otro lado, olvidó todo. Volvía a ser joven y verdaderamente amado por quien era y no por quien aparentaba ser. No existía Camila, ni Boris, ni el idiota de Torras. Sin secretos, responsabilidades, ni crímenes que resolver, sólo estaban Eurídice y él gobernados por la sed ...
    ... de sus cuerpos.
    
    Andrew la estrechó contra sí mientras Eurídice se estiraba para desanudarle la corbata y desabotonarle los pequeños botones de la camisa depositando besos en la caliente piel de su cuello. El bleiser verde persa voló por el despacho y Andy tuvo mejor acceso a sus pechos percatándose de que no llevaba sostén. Durante toda la tarde había estado evitando mirarle el escote, pero ahora no lo detendría nadie.
    
    Una mano la utilizó para acunar su seno izquierdo y con la otra fue levantando el dobladillo de la falda poco a poco. Los pezones de Eurídice se irguieron por la caricia y jadeó contra su boca al advertir la inflamación de su necesidad, mandando una puntada directamente a su ingle. La sensación era agónica y el calor era insoportable.
    
    Dejó que Eurídice le quitara la camisa y le acariciara por encima del pantalón haciendo que se estremeciera bajo sus pequeñas manos, mientras él tembloso por la lujuria y el predominio de sus instintos más básicos, le abría la blusa rebelando la generosa carne de su pecho. Andy intercambió una mirada pecaminosa con sus ojos esmeralda por unos segundos. Con la pupilas dilatadas la besó con más ardor que antes y enredó los dedos en su cabello rojo infernal, desordenado por el la deseo. La señorita Martensen ya no era la mujer adoctrinada por el fenotipo aristocrático y aires cargados de solemnidades, sino, una mujer salvaje dominada por la pasión, una pasión animal desatada que solo él era capaz de despertar como de ...