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La Dama De La Justicia
Fecha: 03/10/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... saciar. Eurídice notó sus piernas temblorosas y susurró sugerente en sus labios: —Andy...hazme tuya. Te necesito dentro de mí. Tómame Andy, tómame ya —susurró suplicante mientras metía una mano dentro de su pantalón, agarrando su excitado pene para masturbarlo. En tanto lo palpaba envolviéndolo de arriba hacia abajo con suavidad. Le sentía enorme, tenso y llenamente dispuesto. Andrew Vial frenó cualquier cosa que estuviese haciendo para escucharla decir su nombre otra vez. —Dilo. —¿Qué? —Mi nombre, quiero escucharlo otra vez. —Señor Vial —dijo burlona acelerando el estímulo en lo falo. —Eurídice... —murmuró en tono de advertencia. Estaba acalorado y le cubría una perla de sudor en la frente. Le subía y bajaba el pecho por el esfuerzo que empleaba por no liberarse en su mano. —Andy. Por favor no te detengas ahora Andy...no pares ahora... —era un masa latente de deseo y necesidad. Andrew Vial, desesperado se quitó el pantalón y la ropa interior de un solo tirón. Tomó a Eurídice de la cintura con las piernas abiertas de par en par para posicionarla contra el escritorio. Bajó una mano para comprobar que estuviera empapada y al alzar sus dedos mojados los chupó con descaro. Sabía tan bien. Quería hacerla tocar el cielo una y mil veces. —Deliciosa —saboreó — estás lista para mí. Y sin más amonestación, corrió la tela de sus braguitas y se clavó en ella descubriendo lo familiar que le resultaba la cálida sensación de su femineidad rodeándolo en el ...
... contacto carnal más íntimo que pueden compartir un hombre y una mujer. Comenzó a moverse una y otra vez, enredando la mano en su cabello, viendo como se le marcaban las venas del cuello y como los pechos saltaban con cada embestida ante la ágil mirada de él. Eurídice gemía sin inhibición, cayendo en la cuenta de que el ardor se apoderaba de ella, con el pulso frenético amenazándole con estallar el corazón. Andy situó una mano en la parte parte baja y trasera de su cadera, intensificando el ritmo de su placer. Con la otra sostuvo su cintura y acercó los labios para llenarla de besos húmedos y suspiros salvajes que se mezclaban con la ardiente melodía de su voz, desde la mandíbula vagando por el camino de su cuello, en tanto Eurídice le arañaba la espalda, pidiendo más y más, delizando la palma hacia su trasero para que él se hundiese cerca de desgarrarla. Se volvería adicto a ella, sería su perdición y el comienzo de un apetito sexual desbordado que no conocería reparos. Andy sintió como la recorrían pequeños espasmos, cuando sus paredes lo apretaron con más fuerza y sus gritos se hicieron más resonantes en el eco del bufete. Eurídice empezó a vibrar convulsa hasta que cerró violentamente los ojos con el rostro crispado por el placer y silenció la boca mordiéndose los labios. Él no tardó mucho en seguirla, aumentando sus embestidas, clavándosela con más fuerza. Movió el vaivén de sus caderas hasta lanzar un gemido gutural y se derramó en ella, derribándose encima sudado ...