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La Dama De La Justicia
Fecha: 03/10/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... entregándole una a cada integrante. Camila, con las palmas frías y pegajosas le dio un suave apretón, mirándola con educada confusión. No recordaba quién era y su mente intentó unir lazos sin hallar respuestas. Eurídice entendía por qué. Andy y ella comenzaron a salir poco después de que él la dejara. Nunca se confrontaron directamente porque no lograron conocerse oficialmente. Al principio la odiaba, no podía negarlo. La había culpado erróneamente durante mucho tiempo por haberle robado al ser que tanto amó. Pero después de pedir el traslado a otra universidad, lejos de su felicidad, lo entendió todo. Ella solo se había enamorado del mismo hombre. Y éste la había escogido. Tan simple y complicado como eso. Pasaron meses para que Eurídice lo asimilara. Estaba herida y había perdido el rumbo, pero lo superó. Las lágrimas, que tienden a ser más ardientes en la soledad, cesaron. Despertó una mañana de otoño decidida a acabar con ese comportamiento patético y autodestructivo. No fue fácil, mas su extraña costumbre de no contar nada a nadie, la ayudó a controlar la tormenta dentro sin llamar la atención. El tiempo hizo lo suyo y su sed de conocimiento se desbordó. Sí, todo pasa. Pero primero te atropella. Boris le tendió su mano huesuda sin ganas. El chico de largos y finos dedos apenas la tocó. Andrew fue el que más se demoró en reaccionar. Sus labios apenas visibles por la barba que camuflaba sus facciones, estaban medio abiertos por la sorpresa. Su ex novia iba ...
... a defender a su hijo. El hijo que nunca quiso tener con ella. El terminante apretón fue el más largo y Andrew sintió que su mano quemó durante los cinco segundos que duró el contacto. Eurídice había cambiado mucho. Sus rizos de cabello de ángel rojizo, estaban sueltos y largos, algo alborotados, como si un hombre se hubiese pasado horas jugando con ellos haciendo el amor en el dormitorio. Su piel trigueña era luminosa, con arrugas casi invisibles. Sus labios carnosos, perfectamente pintados, formaban una línea seria y dura como el granito, los cuales no le sonreían como ayer. La única evidencia que le dejó el paso de los años eran sus ojos. Seguían siendo tan verdes como los olivos, pero eran secos, fuertes y le observaban a miles de kilómetros de distancia, tan lejos de su alcance a pesar de los dos pasos que los separaban. Sin duda, Eurídice parecía una persona que había visto el mundo demasiado cerca, lo suficiente como para decepcionarse. Era poderosa, segura, feroz. Si Dios había creado el mundo en un día, Eurídice lo destruiría en un segundo. —Tomen asiento por favor —indicó Jonathan, apuntando las sillas frente a su escritorio. —Bien —dijo Eurídice acomodando los papeles y sacando una libreta y un bolígrafo —esto es solo el material inicial que ha mandado Francisco Torras. Lo único que tenemos es la acusación y algunos informes policiales, así que obviamente aún no tenemos todas las pruebas procesales. Pero disponemos de una impresión general de los cargos ...