1. Incestos con la tía abuela, la tía y la prima


    Fecha: 03/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... parecía una bacinilla, le preguntó a Conchi:
    
    -¿Te está molestando?
    
    Conchi, se sonó los mocos, y le dijo:
    
    -No, ya se iba.
    
    Siete días después, en la fuente, llenando un cubo de agua y después de devolverme el pañuelo, me dijo:
    
    -Quiero hacer cochinadas contigo.
    
    No quería forzarla a hacer algo que no deseaba solo por volver a ser novios.
    
    -Podemos volver a ser novios sin necesidad...
    
    -Quiero hacerlas. ¿Sabes de algún sito?
    
    No iba a desaprovechar la oportunidad, le respondí:
    
    -Sí, la casa de señora Agustina, se va a Padrón y no vuelve hasta la noche.
    
    -A las cinco estaré allí.
    
    A las cinco de la tarde la vi llegar. Venía vestida con la ropa de los domingos, una falda marrón que le daba por encima de las rodillas, un jersey negro, una blusa blanca, unos zapatos marrones y con su cabello recogido en dos trenzas. Yo estaba en la puerta de la casa. Pasó por mi lado con la cabeza gacha sin decir palabra y se metió dentro de la casa. Cerré la puerta, le puse la tranca, y le dije:
    
    -Te quiero.
    
    Seguía con la cabeza gacha. Fui a su lado, le levanté el mentón con un dedo y posé un beso en sus labios, la miré y vi que estaba con los ojos cerrados. Pasé mi lengua por sus labios, abrió los ojos y me miró con extrañeza. Le puse un dedo en el labio inferior, abrió la boca y mi lengua acarició la suya. Se dejó besar y al final su lengua ya jugaba con la mía. Al acabar de besarla la mire y vi que tenía la cara roja cómo un tomate maduro, la abracé y al tocar ...
    ... mi cara con la suya noté que abrasaba. Le quité el jersey y después quité el mío. Me preguntó.
    
    -¿De verdad que me quieres?
    
    -De verdad de la buena.
    
    -Házmelo con mucho cariño.
    
    Le desabroché los botones de su blusa blanca, se la quité y le quise quitar el sujetador. No había manera, lo tuvo que quitar ella. Sus tetas eran más grandes de lo que yo pensaba, eran redondas y cómo naranjas de las gordas. Sus areolas eran marrones y sus pezones medianos. Aparté las trenzas que cubrían parte de sus areolas. Apreté sus tetas pero mis manos no se hundieron en ella. Estaban duras cómo piedras, piedras sedosas. Lamí sus tiesos pezones, los aplasté con la lengua, los chupé y chupé sus areolas, luego le lamí y chupé cada centímetro de piel de sus maravillosas tetas. Me agaché, le bajé la falda y después las bragas, unas bragas mojadas en las que los polvos de talco que se echara hicieran una plasta con sus jugos. Después le quité los zapatos y los calcetines blancos, la cogí en brazos y la llevé a la cama del viejo Agustín. La puse sobre la cama, me desnudé y me eché a su lado con un empalme brutal. Conchi mirando para mi polla volvió a hablar.
    
    -Despacito, métela despacito que esa cosa es muy grande.
    
    Me metí entre sus piernas, le cogí las nalgas, las levanté y su coño se abrió cómo una flor. No se veía la vagina con tantos jugos. Lamí su periné y su ojete, lamí sus jugos, y al lamer su clítoris: "Chiiiisss", un chorro de meo se coló en mi boca, y otro y otro, y otro... Y ...
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