1. El tatuaje del culo de la monja


    Fecha: 04/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Esta historia se la contó un comunista a un chavista de Podemos, el de Podemos se la contó a un amigo mío de su mismo gremio, y este la soltó en una sobremesa. Va de un chorizo y de tres hermanos, ellos eran curas y ella monja.
    
    Yo la cuento porque tiene su morbo, pero lo dicho, creo que es uno de esas mierdas que se inventan los rojos para joder a los curas... O no, quien sabe.
    
    Juan era un joven moreno, menudo, de estatura mediana, guapo y era el limpia de la iglesia, el limpia cepillos para ser más exacto. Aquel día, sentado en un banco, vio a una monja arrodillada delante del confesionario con las palmas de las manos juntas y mirando hacia abajo. Al rato vio cómo se perdía detrás del altar, donde estaba la sacristía.
    
    La monja andaba en los treinta años y era fea estilo Rossy de Palma, o sea que su nariz aguileña olía la primavera del año que viene.
    
    Poco después el cura dejó el confesionario, pasó por el lado de Juan y salió de la iglesia por la puerta principal. La monja seguía en el confesionario y a Juan le picó el gusanillo de la curiosidad.
    
    La puerta de la sacristía tenía el ojo de la cerradura grande y si ponías el ojo veías casi todo el interior. Juan lo puso y vio a la monja de pie arrimada de espaldas contra la chimenea con los brazos en cruz atados con unas cintas a dos salientes. Con ella estaba un hombre de unos cincuenta años, alto, gordo, vestido con un traje negro y con alzacuellos. La monja vestida solo con la cofia. ¡Qué cuerpazo tenía! El ...
    ... Gordo tenía en las manos una pequeña brocha y un bote de cristal con chocolate líquido. Le pintó los labios con chocolate y después le pasó la legua por ellos. Le pintó sus peludas axilas y se las lamió hasta dejarlas limpias. Le pintó las areolas de las grandes tetas y después las mamó. Le pintó el ombligo y se lo limpió con la lengua. Le pintó los dedos de los pies y, de rodillas, se los lamió. Hizo dos rayas de chocolate por las pantorrillas y el interior de los muslos para volver borrarlas con su lengua. Después le pasó el mango del pincel por el coño, lo sacó lleno de jugos y se lo dio a la monja para que lo lamiera. La monja lo chupó, y después le dijo:
    
    -Echaba de menos nuestras juergas, hermano.
    
    El Gordo le dio una bofetada en la cara.
    
    -¡Un respeto, furcia!
    
    La monja le siguió el juego.
    
    -Es usted un goloso, eminencia.
    
    ¿Eminencia? Si lo trataba así tenía que ser un pez gordo, o no. El Gordo, le dijo:
    
    -Cállate, pecadora.
    
    Luego cogió encima de la mesa un rosario. Despacito le fue metiendo las 59 cuentas, y despacito se las fue sacando mientras la monja rezaba no se sabe qué ni a quien, ya que lo hacía en bajito. Después de sacar la última cuenta le pintó los labios vaginales y el clítoris de chocolate y le comió todo el coño... Acto seguido le metió dos dedos de la mano izquierda dentro del coño y le masturbó el clítoris haciendo círculos sobre él con la yema del dedo pulgar de su mano derecha hasta que la monja se corrió jadeando y temblando desde los ...
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