1. El tatuaje del culo de la monja


    Fecha: 04/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... brazo de Perseo, este punto es el sistema solar -le abrió las nalgas, y este es...
    
    -Lo interrumpió.
    
    -Un agujero negro.
    
    -No, es el núcleo de la Vía Láctea. Lámelo.
    
    -Ese es el ojete, jefe, y si te gusta la mierda lo lames tú.
    
    El gordo lo agarró por la nuca, le llevó la boca al culo, se la apretó con fuerza y Juan, obligado, no tuvo más remedio que lamer. La monja comenzó a gemir. A Juan se le puso dura, el Gordo, tocándole el ojete de con un dedo, le dijo:
    
    -¡Mete tu lengua dentro, cabrón!
    
    -¡Vale, vale, pero suéltame, coño!
    
    Juan agarró con las dos manos aquel el culo de monja, grande y blanco cómo la leche con la Vía Láctea tatuado en él. Era un culo único y Juan lo iba a disfrutar. Besó y lamió todos los brazos, y después le folló el ojete con la lengua hasta donde entraba. El Gordo se puso de pie, le comió la boca y le magreó las tetas a su hermana. La monja jadeaba cómo una perra al sentir una lengua dentro de la boca y la otra dentro del culo... Poco después, Juan, se la clavó en el culo. Entró apretada porque era el culo, pero entró de un tirón. A sor Concepción ya se lo habían abierto... En fin, que Juan tenía el defecto de correrse poco después de meterla, y esta vez lo único que cambió fue que a sor Concepción le vino al correrse él, ya que el Gordo ...
    ... volviera a acariciar su culo.
    
    Después de esto el Gordo la soltó, la cogió en alto en peso y se la clavó en el culo, dejando el coño abierto a disposición de Juan, pero a Juan se le pusiera blanda. La monja, sabía latín, con la polla de su hermano entrando y saliendo de su coño, le dijo a Juan:
    
    -Frota tu polla en mi coño, guapito de cara.
    
    Juan le frotó la polla en el coño, y en nada sintiendo los gemidos de la monja y oyendo cómo el Gordo le llamaba, "puta, cerda, enferma" y otras lindeces, se le volvió a poner la polla dura, se la clavó y cómo era costumbre en él ya se corrió, pero esta vez no la quitó. Al rato, dijo la monja:
    
    -¡Me corro, maricones, me corro!
    
    Al tener la monja una polla dentro del culo y otra dentro del coño la polla de Juan estaba muy apretada. Sintió cómo se la apretaba aún más con las contracciones de la vagina, y la volvió a llenar de leche.
    
    Al acabar, el Gordo, los invitó a un vino de misa. A Juan le extrañó que no se corriera con el empalme que tenía, pero supuso que seguirían follando.
    
    Una hora más tarde despertó desnudo sobre la mesa de la sacristía, estaba boca arriba y con un tremendo dolor de culo. Vio una nota encima de la mesa firmada por el cura, que decía:
    
    -Cierra la puerta con llave cuando te vayas, pichoncito.
    
    Quique. 
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