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El tatuaje del culo de la monja
Fecha: 04/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... pies a la nuca. Juan, que se estaba tocando por encima del pantalón encharcó los calzoncillos con la leche de su corrida al ver aquel espectáculo. Al acabar de correrse, le dijo el Gordo a la monja: -Tienes que ser castigada, has pecado. -Sí, eminencia, castígueme. El Gordo cogió dos pinzas de plástico sobre la mesa, fue a su lado y se las puso en los gordos pezones de sus tetazas con areolas color carne. Luego cogió sobre la mesa dos cilicios con pinchos y le puso uno en cada muslo, lo que hizo que saliera sangre de ellos. Por último cogió una fusta sobre la mesa, y le preguntó: -¿Cómo te llamas, pecadora? -Concepción, eminencia, me llamo Concepción, y quiero concebir. El Gordo se puso furioso. -¡¡Puuuta!! Le dio con la fusta en las dos nalgas. La monja comenzó a gemir. -Castígueme, eminencia, castígueme, soy una mala mujer. Le dio en las esponjosas tetas. -¿"Qué clase de macabro juego es este"? -se preguntó Juan. Enseguida lo iba a saber. Perdió al Gordo en un ángulo muerto. Cuando lo volví a ver estaba con la puerta abierta delante de él, el Gordo lo cogió por la pechera y de un tirón lo metió dentro de la sacristía, cerró la puerta con llave, cogió un abre cartas que era cómo un estilete, y le dijo: -¡Vas a morir, cabrón! A Juan se le pusieron los cojones de corbata. -¡No vi nada, no vi nada! -¡Lo viste todo, hijo puta! El Gordo le puso el abre cartas en el estómago, y le dijo: -¡Saca mi polla y mama! -le puso el abre ...
... cartas en el cuello-. ¡¡Mama o muere!! A Juan le volvió el valor de repente. Dio dos pasos a un lado, se puso en posición defensiva, cómo para boxear, y le dijo: -¡Tu puta madre te la va a mamar! El Gordo no esperaba aquella reacción. Bajó el abre cartas, y lo amonestó: -¡Ese lenguaje no entraba en el juego! Vete y dile a Pedro que no me vales. -Lo que acabo de ver... Le iba a decir que lo que acabara de ver lo iba a saber hasta el perro del Tato, pero se dio cuenta de que Pedro era el nombre del cura. Al quedarse callado, le dijo el Gordo: -¿Qué? Juan decidió seguirles el juego. -Que no se lo voy a contar a nadie. Lo siento, don Pedro no me dijo cuál era mi papel, me dijo que improvisara. ¿Puedo quedarme? El Gordo miraba a Juan y salivaba, no le podía decir que no, le respondió: -Sí, pero no te vuelvas a dirigir a mí con palabras tan burdas. Besa a sor Concepción. La monja, le dijo al Gordo: -No, eminencia, que se la mame, que se la mame. Quiero ver cómo se la mama. El Gordo cogió la fusta y le dio en las tetas. -¡Tú a callar, ramera! Juan besó a la monja. Sor Concepción le metió la lengua dentro de la boca y buscó la lengua del joven. Aquella mujer no parecía una monja, parecía una loba. ¡Cómo besaba la cabrona! De repente a Juan se le pasaron todos los miedos y le devolvió los besos... El Gordo le acariciaba del culo a Juan y a la monja le mordía las tetas, los lóbulos de las orejas, le chupaba el cuello y le daba cachetes en ...