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El tatuaje del culo de la monja
Fecha: 04/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... las tetas... Al rato, le dijo a Juan: -Cómele el coño. Se agachó y vio que de su coño, rodeado de un bosque negro, bajaban por sus muslos flujos que hacían una especie de surcos hasta llegar a los cilicios, de ahí para abajo los finos surcos eran de sangre. Buscó con dos dedos su raja, la abrió y se encontró con un coño empapado, un coño totalmente lleno de jugos, lamiéndolos le dijo la monja: -Bésame con mis delicias celestiales en tu boca. Encima era fina la pécora, "delicias celestiales", mocos, carallo, o jugos, y si me apura flujos y sabrosos, pero delicias celestiales, de eso nada. Juan le metió la lengua pastosa en la boca y la guarra se la devoró. Luego le dijo el Gordo: -Aparta. Juan vio que el Gordo sacara la polla y la tenía morcillona... La de Juan estaba otra vez dura cómo una roca. El Gordo se agachó delante de su hermana. Juan, por un momento creyó que era un vampiro, pues le fue lamiendo los finos hilos de sangre de las piernas hasta llegar al coño, al llegar a él se puso en pie y le metió dos dedos dentro... Los dedos entraron y salieron a mil por hora de la vagina hasta que la monja dijo: -¡Me voy! El Gordo le apretó la garganta con una de sus grandes manos hasta casi asfixiarla. La monja se corrió cómo un río. El Gordo se agachó y le lamió lo que expulsaba, luego con los jugos de la corrida en la boca, la besó y al acabar de besarla, le dijo a Juan: -Fóllala. Juan lo estaba deseando. Sacó la polla empalmada y se la clavó de ...
... una estocada. El gordo meneando la polla le volvió a acariciar el culo con su mano derecha. Juan, lo dejaba... Mientras no quisiera bajarle los pantalones... Folló a la monja mirándola a la cara. La folló... unos treinta segundos, que fue lo que aguantó sin correrse. Le había llenado el coño de leche y se retiraba cuando el cabrón del Gordo le cogió la cabeza, le puso la boca entre las piernas de sor Concepción, y le dijo: -Acaba lo que empezaste, a una mujer no se la deja a medias. El coño estaba asqueroso y ahora olía a bacalao, su leche y los jugos de la monja le caían por los lados de la lengua... Juan, haciendo de tripas corazón, al principio, y gustándole después, se lo lamió hasta que la monja dijo: -¡Me voy para el cielo! Al infierno acabaría yendo la muy puta, pero mientras tanto se corrió como una cerda, gimiendo y sacudiéndose. Juan pensó que se acabara la cosa cuando el Gordo le quitó a la monja las pinzas y los cilicios y la desató, pero estaba equivocado. El Gordo le volvió atar las manos, solo que ahora tenía la cara hacia la chimenea y les daba el culo, un culo en el que tenía tatuada la Vía Láctea. ¿Dónde se haría una monja un tatuaje en el culo? Nunca lo supo. El Gordo le dijo: -Lame el brazo de Sagitario. A Juan fue cómo si le estuviese hablando de física cuántica, le preguntó: -¡¿El brazo de quién?! Se los señaló con un dedo. -Este es el brazo de Sagitario, este es el brazo de Carina, este es el brazo de Orión, este es el ...