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Mi prima se viste de novia (Capítulo 16)
Fecha: 06/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
... quería ver el video entero mientras me peteaba el pito. Me repitió que valía todo y que sólo había una regla: que la cuide. Luego remarcó que cualquier morbosidad que surja de mi mente, la lleve a cabo con su cuerpo inconsciente. Lo repitió una vez más, esta vez haciendo mucho énfasis en la palabra “cualquier”. Y se durmió profundamente. Enfrente tenía el cuerpo de Julia todo para mí, para mis deseos, para todo lo que quisiese. Las dos o tres primeras ideas que vinieron a mi imaginación para hacer esa noche, llegaron a asustarme incluso a mí. Y aunque algunas rozarían el límite de la legalidad, estaba decidido a hacerlas. Sintiendo otra vez al monstruo apoderarse de mi piel, dejé los sanguches en la mesita de luz y comencé. Me acosté a su lado a hacerle el culo abrazándola desde atrás. Al instante me puse de pie para metérsela en la boca. Y luego me dispuse a acomodarla de perfil a la cámara, para que ella se vea mejor al otro día. Al correrla la noté pesadísima. Realmente estaba dormida tan profundamente, que parecía estar moviendo un cadáver. Le apoyé el pecho en el borde de la cama que daba al balcón y las rodillas en el suelo, puse una almohada bajo su vientre para levantarle la colita y volví a meterle el pito hasta el fondo. Y a pesar de que se la metí con fuerza y en seco, Julia ni ...
... chistó. Al rato de estar bombeándole el orto, recordé sus palabras: “Que un extraño me coja dormida. Me meta mano y se aproveche”. Y sentí otro escalofrío bajando desde mi mente hasta la punta de los pies. Volví a ponerme de pie y antes de ponerle “pausa” a la cámara de su celular, solté unas palabras, con mi rostro en primer plano. Necesitaba ahorrar espacio y no sabría cuánto tiempo podría estar filmando el cuarto sin movimiento alguno. “Es hora de compartir”, dije. Y me fui a ver si en el casino del barco encontraba a alguno de esos viejitos verdes de la pileta. Sonreí pensando que el tipo todavía no sabía que mientras la ruleta giraba y giraba, en unos minutos se sentiría haber metido cien plenos seguidos. Pero no fue el único ganador. El primer hombre al que se lo propuse estaba con un amigo, y luego se acercó uno que me había escuchado sin querer. Y otro más, con otro amigo. Y así. A la hora volví al cuarto con siete machos, de entre 50 y 60 años, desesperados por cogerse a mi prima dormida. Todos casados, viajando con su familia, quienes hasta ese momento creían que solo en el casino podrían tener su momento masculino en tranquilidad. Al prender la cámara, volví a hablar en primer plano. “Bienvenida a la fiesta del sueño” dije esta vez. Y sonreí con mi mejor cara de diablo. Continuará...