-
Mi prima se viste de novia (Capítulo 16)
Fecha: 06/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
Cuando formé un puño con mi mano y una verdadera masacre con mi mente, Fabián volvió a golpearme. Esta vez casi sin fuerza, como un suave roce algo molesto. Y aunque no lo hizo sobre mi ojo, sino más bien sobre mi mentón, volví a percibir la sensación de otro flash en la retina. Pero esta vez me invadió un recuerdo algo diferente. Sintiendo el sabor de un poco de sangre entre los dientes, me vi, como si fuese una película en cámara rápida, corriendo alrededor de una mesa, con una torta en el medio. Habían pasado más de quince años de aquel cumpleaños, pero en ese momento lo recordé con total claridad. Mi prima había venido especialmente y de regalo me había traído dos paquetes de figuritas de un álbum de futbol que tenía en aquel entonces. De esos que al llenarlos los cambiabas por una pelota. Recuerdo haber pensado que era una amarreta. Que sólo dos paquetes de figuritas me regalaba. Hasta que abrí el primero. Una figurita de Boca. Luego otra. Y aunque el sobre decía que traían cinco, vinieron siete. Todas, absolutamente todas de jugadores de Boca. Y de tanta alegría comencé a correr alrededor de la mesa. Lo abrazaba a mi viejo y no podía dejar de repetirle: “Todas de Boca. ¡Todas de Boca, papá!”. Eso que sentía, queridos amigos y amigas, entiendo hoy, que también era felicidad. Y cuando abrí el segundo, ni se imaginan. Otra de Boca. Y otra. Y otra. Esta vez sí eran cinco. Y la última: la del Bati. No sé si era la “difícil”. Pero era la de mi ídolo, y hasta ...
... ese instante no la tenía. Mis amiguitos aplaudían, sin tampoco poder creerlo. Ahora correr alrededor de la mesa era poco festejo para la sensación que recorría en mi cuerpo. Me subí a la mesa y empecé a patear todo, como si Batistuta fuese yo. Mi vieja, que estaba contentísima por verme así, me dejó hacer el quilombo que quisiera. Era mi cumpleaños y mi prima me había dado el regalo más importante de mi vida. Pero al ratito me quiso bajar. Otra vez Julia salió en mi defensa y se subió a la mesa conmigo. Nos abrazábamos, saltábamos y hasta gritábamos goles imaginarios. Uno de los pibes del colegio que había invitado se quiso subir también a festejar y mi prima lo bajó de un empujón que lo dejó tirado, llorando, agarrándose la cabeza, en el suelo entre dos sillas. Le costó muchos años a mi inocencia de pibito entender que no había sido suerte. Que Julia se había gastado todos sus ahorros para comprar tantas figuritas como fuesen necesarias para completar los sobres, que con mucho cuidado había abierto para volver a llenarlos y cerrarlos prolijamente, sólo con las de Boca. Y la del Bati. Y entonces desarmé el puño. Fabián lo vio. Lo notó al instante y cayó rendido, llorando, sobre mi pecho. -Perdoname. –me dijo dos veces. O tres.– Estoy desesperado –aclaró luego, aunque no hacía falta. Con paciencia lo saqué del bar. Le indiqué con un ademán a Julia que me deje a mí. Que yo lo sacaba de allí. Que yo me encargaba. -¿La querés recuperar? –le pregunté en la ...