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Mi prima se viste de novia (Capítulo 12)
Fecha: 07/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
... problema. Mi prima, en cambio, fue mucho más sencilla. Mucho más argentina. -Vamos al camarote, agarramos dos mochilas y recorremos las barras. Hay como 8 en todo el barco. Nos separamos y nos encontramos en media hora en la pieza – me dijo. Y así lo hicimos. A los treinta minutos volví con 10 latitas. Orgulloso, porque conseguí más de ocho. Incluso yendo a pedir a una barra menos. En el mismo lugar donde lo habíamos dejado comiéndose mi leche, estaba sentado Fabián. Con la misma ropa, como ni no se hubiese ni movido de esa silla en todo este tiempo. Esa latita preferí resignarla con tal de no me vea. De todas formas ese orgullo me duró poco. Mi prima había conseguido veintitrés gracias a la calza metida en el orto que llevaba puesta y la remera escotada, sin el corpiño que se había quitado sin que ni siquiera yo me haya enterado cuando. ¿Saben que me preguntó la hija de puta cuando me vio? ¿Cómo mierda hice para conseguir diez? Le ofrecí una carcajada irónica como respuesta y le gustó. Después nos acostamos en la cama a tomar unas cervezas y meternos mano desesperados. Los minutos siguientes fueron sólo lengua, manoseos y tragos a las latas que se iban vaciando, cayendo al suelo y siendo reemplazadas por otra llena. Tener el culo de mi prima en mis manos hacía que la cerveza pareciese tener más graduación alcohólica que el vodka puro. El culito bajo la calza era una verdadera obra de arte. Apretarle las nalgas bajo la ropa, toquetearle la concha ...
... de vez en cuando, chuparle una teta, se sentía muchísimo más lujoso que el propio barco. El roce constante de su lengua contra la mía, mis caricias sobre la suavidad de su piel juvenil, sus manos en mis mejillas, todo, absolutamente todo se sentía ser parte de un plan monstruoso con el objetivo de jamás dejar descansar al morbo del incesto del que ambos éramos presos. Cuando en el suelo pude contar ocho latas vacías, Julia se puso de pie y de un cajón, que ni sabía que el camarote tenía, sacó todas las bombachas que había traído y las tiró sobre la cama, a mi lado. -¿Con cuál me querés empezar a coger? – me preguntó. Serían alrededor de doce, o quince. La mayoría, tal cual me había anticipado, eran sumamente chicas. Recuerdo haber pensado que con la tela de una de mis remeras, alcanzaba para fabricarlas a todas. Apoyé la espalda en la pared de atrás de la cama y comencé a tocarlas, imaginando cosas que si se las cuento podría ir preso. Había muchas tangas, varios culotes y hasta una especie de bóxer. De diferentes colores y estampados. Algunas de algodón y otras de encaje. Si un pirata lograba ser fotografiado en el momento justo de abrir un cofre con monedas de oro, seguramente tendría el mismo gesto de satisfacción que yo tenía en ese momento. -Esta va a ser la primera. – le dije, dándole un culote rosa con un corazón blanco en la concha. Tenía una especie de inocencia en su diseño que me pareció ser la indicada para comenzar la fiesta. – Así te chupo la ...