1. Viciosas


    Fecha: 11/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Rosa vivía en un pazo gallego y su padre era el terrateniente del pueblo. Cuando la gente trabajaba de sol a sol en el campo para ganarse un par de pesetas que no le daba para comer ya ella tenía una paga de cien pesetas semanales. Fue uno de sus criados el que me contó la historia, pero voy a escribirla en primera persona.
    
    Rosa tenía 21 años. Era morena, tenía su cabello negro muy largo, y tenía de todo y todo muy bien puesto, hasta la lengua con la que mentía más que hablaba. Era una consentida y una mimada que hacía lo que le salía del coño.
    
    Llegó al jardín acompañada de una de sus criadas, Marta, un mujerón, morena, con el cabello marrón y largo, con grandes tetas y tremendo culo. Era mayor que ella y casada. Le dio diez pesetas, y le dijo:
    
    -Dale cinco a él, Marta. Vais a echar un polvo del modo que yo os diga.
    
    Marta, estaba buenísima. No hacía falta que me pagase para follar con ella, pero a mí no me compraba una mal criada cómo si yo fuera un animal. Al darme el duro, le dije a Rosa:
    
    -Si quiere ver follar, señorita Rosa, dese una vuelta por el pueblo que la perra de Celso anda en celo.
    
    Fue como si le pegara un tiro.
    
    -¡Si no hacéis lo que os diga que hagáis me encargo de que ninguno de los dos trabaje más en este pueblo!
    
    Teníamos que llevar el jornal a casa, estábamos recién casados y nuestros matrimonios iban a comenzar a naufragar.
    
    Marta se acercó a mí, y me dijo:
    
    -Mejor será que hagamos lo que nos diga.
    
    -¡No jodas, Marta! ¿Le vas a ...
    ... poner los cuernos a Antonio?
    
    Volvió a meter baza la mimosa consentida.
    
    -Sácale la polla, Marta. Quiero ver cómo la tiene.
    
    Estábamos en medio de un laberinto de setos. No había peligro de que nos vieran. Marta me bajó la cremallera y sacó mi polla. Estaba baja.
    
    -Mámasela.
    
    Marta, en cuclillas, metió la polla en la boca y con media docena de mamadas la puso gorda y mirando al frente. La mujer se estaba calentando ya que sin mandarle me masturbó y me chupó los huevos. Lo que hizo que al rato le llenara la boca de leche, que echó fuera mientras la viciosa miraba. La muy puta, después de conseguir lo que quería, nos dijo:
    
    -Mañana, más.
    
    Guardé la polla, que el duro ya lo había guardado antes. Volvieron al pazo. A los cinco minutos, más o menos, volvió Marta al laberinto, y me preguntó:
    
    -¿Aún puedes?
    
    -¿Lo qué?
    
    -Si se te levantará para echarme un polvo. Tengo muchas ganas. Me gustó tu polla... Es tan gordita y tan rica...
    
    Le di la vuelta. Apoyó sus manos en el seto. Le levanté el vestido negro con flores rojas. ¡Cómo tenía aquellas bragas de humedad! Se las bajé hasta los tobillos. Abrió las piernas. Vi su culito virgen. La tentación fue muy grande. Le comí el culo como si fuese una manzana y después le folle el ojete con la lengua y le magreé sus grandes tetas... Por el interior de sus muslos bajaban goterones de jugos... Acto seguido saqué a polla empalmada, se la metí en el culo y le metí dos dedos en el coño. Nada, no me duró nada. Al comenzar a ...
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