1. Viciosas


    Fecha: 11/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... correrse, sus manos y sus brazos desaparecieron dentro del seto, y a ellos le siguió su cabeza. Escuchaba sus gemidos de placer dentro del seto y sentía su ojete latiendo. Me corrí dentro de su culo cómo un pajarito, bueno, más bien cómo un pajarraco, pues fue una corrida inmensa.
    
    Al acabar de correrse sacó los brazos y la cabeza del seto, subió las bragas, y me dio:
    
    -Gracias, lo necesitaba.
    
    No supe que contestar, guardé la polla y me callé.
    
    Al llegar a casa no me cabía el pan en el cuerpo. Se lo tenía que decir a mi esposa, pasase lo que pasase. No la podía tener engañada. Esperé a estar en cama y antes de apagar la luz se lo conté. Mi esposa, que estaba buena que te cagas y a la que yo tenía por una santa, me escuchó atentamente. No salió un reproche de su boca, pero era por algo que me iba a contar ella.
    
    -Lo que me acabas de decir no es nada comparado con lo que me dijo a mí.
    
    -¿Cuándo?
    
    -Ayer.
    
    -¿Dónde?
    
    -Aquí.
    
    Aquello tampoco lo contaba. No me había dicho nada. ¿Qué pasara?
    
    -¡¿Aquí?! ¿Qué te dijo?
    
    -Que quiere follar conmigo mientras tu miras.
    
    -La puta tiene obsesión con nosotros. ¡La mato!
    
    A mi esposa parecía no importarle lo que pasara.
    
    -No vale la pena ir a la cárcel por una tontería... En el fondo la entiendo.
    
    -Quien no te entiende soy yo a ti.
    
    -Es fácil de entender. Rosa, está enamorada de ti, y cómo tú nunca la miraste, decidió joderte de otro modo.
    
    -¿Te lo dijo ella?
    
    -No, pero esas son cosas que notamos las ...
    ... mujeres.
    
    -¿Y qué vas a hacer?
    
    -Yo, si tú quieres, lo hago. Me ofreció una huerta y quinientas pesetas.
    
    -No quiero. Ni por todo el oro del mundo...
    
    -No seas tonto.
    
    -¿Y si te dice que se la comas tú a ella?
    
    -Al correrse no echa veneno.
    
    -¿Estas segura?
    
    No me contestó a la sarcástica pregunta.
    
    -Quiero hacerlo.
    
    -¿No lo harías ya?
    
    Le dio la risa.
    
    -Qué malo eres. ¿Echamos un polvo?
    
    -Estamos hablando de cosas muy serias.
    
    -Si no me echas un polvo me hago un dedo.
    
    No sabía de qué me estaba hablando.
    
    -¡¿Un qué?!
    
    -Un dedo, una paja, una pera... Me aprendió Rosa a hacerlo.
    
    Me habían cambiado la mujer.
    
    -¡¿Qué?!
    
    Lo que oíste.
    
    -¡¿Dónde te lo aprendió a hacer?!
    
    -Aquí, en esta cama.
    
    No me creía lo que estaba oyendo.
    
    -¡¿Qué?!
    
    Mi mujer se destapó, cerró los ojos, se tocó las tetas, luego metió una mano dentro de las bragas, y me dijo:
    
    -¿Qué de qué?
    
    -¡Eres una zorra!
    
    -¡¿Me acabas de meter los cuernos y me llamas zorra por tocarme?!
    
    -Yo lo hice por fuerza mayor.
    
    Mi mujer, sin parar de tocarse, me dijo.
    
    -¿Y las ganas qué son, fuerza menor?
    
    Aquello me sobrepasaba, mi santa se estaba pajeando, me salió del alma decirle:
    
    -¡¡Puta!!
    
    -Sigue llamándome puta. Me gusta que me llames puta. Me excita.
    
    Me tenía descontrolado y... Empalmado cómo un elefante.
    
    -¡Manda huevos!
    
    -Déjate de huevadas y haz algo.
    
    Tenía que hacerlo. Le quité las bragas y vi que metía un dedo dentro del coño peludo y al mismo ...
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