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Viciosas
Fecha: 11/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... tiempo acariciaba su clítoris (pepitilla le llamaba yo de aquella). Mirando cómo hacía para masturbarse, cogí la polla y me masturbé yo también. Al rato sacó el dedo del coño, quitó el camisón y después se siguió tocando. Me eché a su lado. Le mamé las tetas. Poco más tarde ya eran dos los dedos que metía y sacaba del coño... Se oía el chapoteó de los dedos al llegar al fondo. -Chof, chof, chof... A veces se llevaba los dedos cremosos a la boca y los chupaba. Pensando que eso era lo que haría cuando tuviese ganas y yo no estuviese en casa me excité cómo nunca me había excitado antes... Llevaba sus dedos mojados a la boca cuando le cogí la mano y se los chupé yo. Me supo salado al principio y agrio al final. Al volver a meter y sacar los dedos lo hizo con rapidez... Sentí el ruido que hacían al tocar fondo: -¡¡¡Clash, clash, clash!!! Al parar el ruido del chapoteo y de los gemidos... Mi mujer se puso tensa, sus ojos se fueron cerrando, me miro, su ceño se frunció, y me dijo: -Cómeme el coño, cómeme el coño, cómeme el coño... Lamí su coño por vez primera... Soltó un chorro de jugos blancos y espesos que impactaron en mi lengua, un chorro que mismo parecía el de una fuente de la que brotaba leche condensada. Exclamó: -¡¡¡Me cooorro!!! Se corrió cómo una cerda, y yo, que no me había dejado de tocar, cómo un cerdo. Dejamos la sabana y el colchón perdidos... ¡Pedazo de corridas echamos! Al acabar, yo ya tenía la mosca detrás de la oreja, le dije: -¿A ...
... ti no te comería el coño Rosa? Me miró, sonrió, y poniéndose las bragas, me dijo: -¿De verdad quieres saberlo, cariño? -Joder. Te lo comió, ya no me cabe duda alguna. Me casé con una guarra. Solo una pregunta más. ¿Se lo comiste tú a ella? Me volvió a decir: -¿De verdad quieres saberlo? -¡Bueeenooo! Dos días después, y antes de que mirar cómo mi mujer y Rosa follaban... La que me metiera los cuernos, me ofreció lo mismo que le había ofrecido a mi esposa por ser testigo falso, y lo iba a hacer por lo que me dijo, o sea, me confirmó lo que toda la aldea decía, que don Manuel, el terrateniente, había ahogado a su esposa para quedarse con todo lo que tenía, ya que él era un matado que se casara con ella por el interés. Me explicara el plan, y cómo no se iba a derramar sangre, pues eso, acepte. Sonaron seis campanadas en el reloj del salón del pazo cuando entró en él don Manuel. Lo que vio lo dejó caliente como un perro. Vio a Rosa, totalmente desnuda, echada hacia atrás en un tresillo, con las piernas abiertas y con una mano acariciando sus grandes tetas y con un dedo de la otra acariciando el glande del clítoris. Yo miraba desde otra habitación por un agujero que don Manuel hiciera en la pared para pajearse viendo a su hija hacer sus cosas, sola y con las criadas (eso me dijera Rosa). Pude ver cómo brillaban los jugos que bajaban por su ojete y me puse palote, pero palote, palote. Don Manuel, que era un cincuentón le dijo a su hija: -¡Otra vez ...