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La profesora Melisa y su sombra
Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... sintió la verga de su propio padre hundirse en ella. Era demasiado grande para ella, pero su sexo húmedo se dilató con facilidad, disminuyendo considerablemente el dolor que debería sentir el sexo de una chica tan casta como pretendía ser Melisa. El hombre, la bestia, copuló con su hija, cogiéndosela de parado durante largos minutos. Cuando se agotó, la tiró sobre el sofá. Se arrodilló, y saboreó la concha de Melisa. Cuando la lengua se frotó con insistencia en el clítoris, el cuerpo de la chica no tuvo más opción que sentirse excitado. Su alma sentía repugnancia, pero un gemido se escapó de sus labios. Entonces Melisa se dio cuenta que ahora era ella la que estaba en el sofá, con la piernas abiertas, y el rostro de su papá hundido entre ellas. Pero no, no era ella sola, ahora estaban las dos, y eran una misma persona después de tantos años. Los recuerdos resucitaron todos juntos, y le dio una terrible jaqueca cuando atravesaron se cabeza a la vez. Ahora recordaba aquella primera irrupción nocturna. Su padre creyó que estaba dormida. Le corrió las sábanas a un costado, acarició su cuerpo y se masturbó frente a su cara. Ella no podía tolerar una verdad tan repulsiva, por lo que enterró ese recuerdo, y así nació la otra Melisa, la sombra. La segunda, vez, apenas unos días de esa primera violación, el profesor Gimeno no se había podido contener las ganas de hacer algo más que rozar la sueva piel de su hija y masturbarse a unos centímetros. Ahora el profesor, ...
... dominado por la lujuria más primitiva, en medio de la madruga, mientras Melisa dormía boca abajo, corrió la tanga de su hija a un costado y la penetró suavemente. Sin embargo, con tremendo instrumento era imposible no despertarla. Melisa, quien casualmente estaba inmersa en un sueño lujurioso, creyó continuar en ese mundo onírico mientras sentía la verga meterse en su cavidad empapada de fluidos. Recién cuando el hombre estuvo a punto de acabar se dio cuenta de la verdad. Sin embargo, ya no era ella, era su sombra la que comenzaba a entender todo. La otra Melisa no se dio vuelta a mirar cuando el profesor Gimeno comenzó a jadear mientras eyaculaba. Quedó boca abajo mientras su padre volvía a su cuarto. Al día siguiente Melisa no recordaba nada. El profesor Gimeno, al ver la actitud normal de su hija, se convenció de que aquellas noches eran una especie de tiempo sagrado, donde podía romper las barreras de la moral y las convenciones sociales. Sus encuentros se repitieron una y otra vez. El profesor Gimeno la visitaba, bajo el abrigo de la oscuridad, la poseía, volvía a su cama, al otro día todo era como si nada hubiese pasado, y a la noche volvía a violarla. Pero el profesor rompió la regla que él mismo se había inventado en su cabeza. No conforme con adueñarse de sus noches, ahora empezó a poseerla en otras circunstancias. Lo que más lo excitaba era verla llena de miedo. En una ocasión, cuando la despidieron de un trabajo de recepcionista en una concesionaria de autos, el ...