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La profesora Melisa y su sombra
Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... creación de su otro yo, esa sombra que hacía lo que ella no se animaba a hacer, y que ocupaba su lugar en los momentos más difíciles. Ahora podía ver todo desde una perspectiva más amplia. La otra Melisa no era su enemiga. Era quien la libraba de trabajos que detestaba, era quien la liberaba de la represión sexual que se autoimponía, era la que le sacaba de encima las malas amistades y los noviazgos tóxicos, era la que recibía los castigos y guardaba los malos recuerdos, sólo para ella. Su progenitor sacó el dedo del ano de la joven profesora, y se lo volvió a meter. Sus otros dedos, cerrados en un semipuño, chocaron con violencia contra la nalga. ¿Hacía cuánto que pasaba eso? Se preguntaba Melisa, mientras su padre seguía sometiendo a su sombra, quien largaba involuntarios gemidos. La otra Melisa había aparecido hacía ya siete años. Hubo épocas en que tomaba el control muy de seguido, y otras, como el último año, donde apenas aparecía. ¿Qué había pasado hacía siete años? Su mamá había muerto y se había visto obligada a vivir con su controlador padre. A sus dieciocho años Melisa ya era toda una señorita. Sus pechos, pequeños pero erguidos, su piel tersa y suave, sus nalgas pulposas y de una redondez perfecta. El profesor Gimeno se había encontrado no sólo con su hija, sino con una mujer. Melisa recordó todas las veces en que él le dijo que ella, su dulce niña, era incluso más bella que su madre cuando tenía su edad. “Sos su versión mejorada” le había dicho una ...
... vez. Un asco rabioso se apoderó de ella. Ahora el profesor Gimeno se despojaba de su ropa. De su gruesa verga venosa colgaban dos testículos inmensos, que explicaban por qué siempre se sentaba con las piernas exageradamente abiertas. Su sombra, esa que hacía unos días había tomado la iniciativa de acostarse con tres alumnos, ahora estaba inmóvil y sumisa, mientras su padre la agarraba de la cintura y la levantaba por el aire con una facilidad pasmosa. ¿Había un pacto entre ambas Melisas que ella, la verdadera, no recordaba? ¿Su sombra se hacía cargo de los sucesos más traumáticos y como recompensa se tomaba la libertad de vivir una vida llena de lujuria? ¿O simplemente, ante cualquier tipo de acto sexual, la verdadera Melisa era empujada a las tinieblas? El profesor tenía el cuerpo lleno de abundante vello negro. No solo el pecho y la pelvis. El brazo, las piernas, la espalda… todo en él estaba cubierto de un enmarañado vello. El cuerpo de Melisa, en cambio, era blanco, frágil, y pequeño. En cuanto a peso y a contextura física no era ni la mitad de lo que era su padre. Por lo que mientras él la sostenía en el aire, y apuntaba su apabullante miembro al orificio de la vagina de Melisa, parecía un gorila apunto de violar una gacela. Los brazos del profesor Gimeno Hicieron un movimiento hacia abajo, atrayendo el cuerpo de la chica hacia su sexo. Las piernas de ella estaban abiertas, sin oponer resistencia alguna. El falo se introdujo en ella, sin miramientos. Melisa ...