1. La profesora Melisa y su sombra


    Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... Veinte minutos más y todo terminaría. ¿Cómo evitar que la otra se apodere de nuevo de su voluntad? Melisa nunca supo cómo hacerlo. La otra, la sombra, parecía poder imponerse cuando le apetecía. Tal vez el único motivo por el que no tomaba el control absoluto era porque tenía un tiempo limitado para hacer de las suyas. Quizás esa alma oscura se agotaba con facilidad.
    
    — Por favor, déjenme en mi casa, no quiero hacer ninguna estupidez —rogó Melisa. Pero enseguida se dio cuenta de que sus palabras no salieron de sus labios, sólo se quedaron en su cabeza.
    
    Sin darse cuenta, ya había perdido el control de nuevo. Podía escuchar el motor del auto y las bocinas de los otros vehículos; podía percibir el olor a cerveza y a perfume de sus alumnos; podía sentir el viento fresco soplando sobre su piel; pero no podía decir nada, y su cuerpo ya no le respondía. Sus piernas se descruzaron sin que ella lo haya querido hacer.
    
    Sintió cómo la otra Melisa giraba su rostro y miraba fijamente a Lautaro. Sus labios se acercaron a los del muchacho. Se unieron. La otra Melisa abrió la boca, y la verdadera Melisa sintió la lengua torpe con sabor a menta de su alumno, que masajeaba la suya.
    
    Mateo se había quedado petrificado viendo la escena, muerto de envidia.
    
    — ¿Te vas a quedar mirando o vas a hacer algo? — Le dijo la otra Melisa.
    
    Mateo la tomó de la cintura y la atrajo hacía él. Todo rastro del enamoramiento inmaduro que sentía hasta hacía algunos minutos había desaparecido, para ...
    ... dar paso a la lujuria exacerbada. Estrujó los pechos de la profesora, mientras besaba sus labios con pasión. Melisa sentía cómo, contra su voluntad, sus pechos se hinchaban. Enseguida sintió también la mano de Lautaro metiéndose entre sus piernas. El chico masajeó la vulva por encima de la ropa íntima, mientras el otro ahora le corría la hombrera del vestido y hacía lo propio con el corpiño para empezar a chuparle los pezones. Carlos observaba con deleite desde el espejo retrovisor.
    
    La otra Melisa no decía nada, y no era mucho lo que debía hacer, sólo dejaba que los chicos hicieran lo que quisieran con el cuerpo de la verdadera Melisa. Lautaro no tardó en correr la bombacha a un lado para meter un dedo en su sexo, el cual encontró increíblemente mojado.
    
    A la derecha se abría un extenso terreno descampado. Carlos giró y se internó en la oscuridad de ese campo de pasto alto. Melisa, resignada, se dio cuenta de que en cuestión de minutos seria violada por esos tres hombres. Un miedo la asaltó ¿Y si en la universidad se enteraban lo que estaba sucediendo? Si se tratara de un solo alumno, quizá podría contar con su discreción, pero siendo tres… Era imposible que eso quedara ahí. La otra Melisa por fin lograría arruinarla de nuevo. Sólo bastaba con que uno de los tres le contara a algún amigo lo que había pasado, y el chisme se desparramaría como un virus. ¿Y si le sacaban una foto o la grababan mientras estaba de espectadora? La otra Melisa aceptaría gustosa inmortalizar ese ...
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