1. Con tres hombres en la montaña


    Fecha: 23/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... camino cercano a mi casa. Y el pasado verano un día, sentada en el porche, pasó una camioneta con tres personas, hombres, que acamparon en el valle. Montaron una tienda grande, junto al río, y sus cañas de pesca. Yo bajo a pasear a diario, normalmente temprano, con mi perro y recorro dos o tres kilómetros valle arriba.
    
    Al día siguiente de llegar los visitantes bajé a mi paseo diario, tuve que pasar cerca de ellos, que habían madrugado. Tenían ya encendido el fuego y preparaban el desayuno. Me limité a saludarles con la mano y decirles un buenos días que ellos contestaron de forma amable. Dos de ellos eran ya de edad parecida a la mía, el tercero era joven.
    
    Al día siguiente, dando de nuevo mi paseo, uno de los hombres se apartó del campamento y me salió al paso. Antes de abordarme me dijo un buenos días a cierta distancia y de forma muy amable, como queriéndome tranquilizar de que no tenía ninguna mala intención. Para nada tuve recelo alguno y me paré esperando a que llegase a mi lado.
    
    - Buenos días, señora, perdone que la moleste.
    
    - Buenos días, no se preocupe. Dígame que desea.
    
    - Pues verá, hemos venido a pasar unos días aquí y tenemos un problema, aquí no hay cobertura para nuestros móviles y estamos aislados. Algo preocupados de no poder comunicarnos con nuestras familias.
    
    - Cierto, en este valle no hay cobertura.
    
    - Pero según hemos visto por los postes que van de la carretera a su casa, tiene vd. electricidad y teléfono fijo.
    
    - Así es, sí.
    
    - ...
    ... Pues quería pedirle un favor. Quiero darle el tfno de mi hermana, para que si no le parece mal vd. la llame y le diga que estamos bien. Que ella apunte su teléfono, por si pasara algo grave y nos tuviera que avisar. ¿No le importa?.
    
    Por supuesto que no me importaba nada, el hombre era de lo más amable, así que recogí el papel que me daba, con el número de su hermana. Sin saber muy bien por qué, tuve un gesto de buena vecindad:
    
    - Sin problemas, luego la llamo y le doy mi número. Y si necesitan algo más, no duden en pedirlo.
    
    - Muchísimas gracias, señora, es vd. muy amable.
    
    - ¿Cuánto tiempo piensan quedarse?
    
    - Quince o veinte días, ya veremos.
    
    Los días siguientes cuando bajaba al valle ellos ya andaban afanados con sus cosas. Me saludaban con mucha amabilidad. Creo que fue al cuarto o quinto día cuando me invitaron a desayunar.
    
    - Señora.. ¿no le apetece un café?
    
    Dudé un momento, pero me pareció descortés rechazar la invitación. Me acerqué a ellos, que tenían como todas las mañanas el fuego encendido, bien acondicionado entre piedras y la cacerola del café humeando. Olía bien. Yo suelo desayunar cuando vuelvo del paseo, así que me cogió con apetito. Me senté en un taburete plegable de lona y me sirvieron un gustoso café con algún dulce. Me hablaron mucho sobre ellos. El mayor, viudo, George de nombre, tenía 67 años. Su hijo, el hombre joven, Mikel, de 30 años. Y el tercero, hermano de George, de 65 años, separado, se llamaba Robert. Mikel era un chico de una ...
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