-
Con tres hombres en la montaña
Fecha: 23/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... me divertía observar que aún con mi edad y mi corpachón de mujer madura, todavía podía despertar ese deseo masculino. Robert se levantó en alguna ocasión para coger algo o ir al baño y de reojo me pareció ver como bajo su pantalón el bulto de su masculinidad parecía algo más grande de lo normal. Me sonreí para mis adentros. La garrafa de vino estaba ya casi vacía. Tras la buena cena nos permitimos unas copas e incluso algún cigarro, a pesar de que ninguno de nosotros ya fumaba, pero encontré un viejo paquete de cigarrillos en un cajón y nos permitimos la excepción. Reíamos un poco como adolescentes. Nos despedimos ya avanzada la noche. Repetimos en los días siguientes, tanto el desayuno como otra cena por mi parte. Ellos me facilitaban pescado en abundancia, que tenía que guardar en el congelador. Ya habían pasado quince días desde su llegada y les pregunté si tenían prevista la partida. - De momento no tenemos previsto nada. Seguiremos aquí, estamos muy bien, para qué cambiar. Me agradó escucharlo. Y otro día, Robert, hizo otra propuesta. - Anne, siempre desayunas con nosotros y por nuestra parte subimos a cenar a tu cabaña. Podíamos cambiar. Bájate esta noche a cenar con nosotros, por favor. - Bueno, perfecto, una cena a la orilla del río me sentará muy bien. Será algo distinto. - Estupendo, estupendo... Pero te pido otro favor, llévate ese vestido azul, que nos gusta mucho. El vestido azul era el abotonado que me había puesto el primer día que ...
... subieron a cenar. - Jajajajaaja… Qué pícaro eres, Robert. Pero te complaceré, llevaré ese vestido. - Graciasssssssssss…..¡¡¡¡ Esa noche me arreglé un poco más. Eran muchos años de estar sola, sin tener a nadie a quien agradar y ya no recordaba casi los cuidados propios de una mujer. Me pinté los labios, retoqué bien mi peinado, me maquillé ligeramente y por supuesto quise complacerlos con ese vestido, un vestido simple, pero que estaba claro que a ellos les gustaba. Me puse también perfume y cuidé mi interior, sin saber por qué lo hacía. Pero escogí un conjunto de braga y sujetador, blanco, que me quedaba muy bien y que solía ponerme en las pocas ocasiones algo especiales. El conjunto quedó completo con unas sandalias que tenían algo de plataforma y me hacían más esbelta, con cintas atadas al tobillo. Llevé también en una bolsa algunos útiles de aseo, una toalla y alguna botella de vino. Algo estaba sucediendo en mi mente, algo que yo no acababa de entender. Pero esos preparativos que acabo de citar me anunciaban algo, algo que tampoco podía intuir con seguridad. Pero estaba bastante segura que yo quería complacer, agradar, contribuir a hacer felices a aquellos tres hombres. Bajaba la cuesta desde mi cabaña al valle, cuando el sol estaba a punto de ponerse. El rojo de la puesta en la montaña se reflejaba en las aguas del río. Un espectáculo precioso, de pura naturaleza. Tenía razón George cuando comentaba que este lugar serena el alma. Y en ese momento la mía, ...