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Con tres hombres en la montaña
Fecha: 23/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... llevarla a mi sexo, abriéndome ligeramente de piernas. Sus dedos recorrieron mi sexo peludo. Yo estaba en una situación intermedia, no me sentía realmente excitada, llevaba mucho tiempo sexualmente dormida, pero estaba cómoda, me gustaba agradar a aquel hombre y me halagaba su rostro lleno de felicidad. Al final se decidió, pasó su pierna por encima de las mías y con cuidado me montó. Yo me abrí ya toda, completamente, despatarrada. ¡ Cuánto tiempo que no lo hacía..¡ El hombre se agarró el miembro ya erecto y lo dirigió a mi entrada. Empujó… - Ahhhhhh, cuidado, George, cuidado… No estaba apenas lubricada, la falta de uso se notaba. Me rascaba el duro miembro, provocándome molestias. El, cuidadoso, penetró despacio, pero lo hizo hasta el final, sin detenerse. Sentí su pubis chocar contra el mío y se quedó ahora quieto, disfrutando de mi interior. Poco a poco cesaron mis molestias, me había dilatado lo suficiente para aceptar el falo con cierta comodidad. Había olvidado ya la sensación de tener a un hombre dentro de mí, aunque los recuerdos de cuando había sucedido, hacía ya años, no eran precisamente buenos, dada la torpeza de mi marido. No sentía orgasmos con él y si me apetecía, cosa rara, tenía que masturbarme. Ahora me relajé procurando captar las sensaciones que me producía la penetración. Era como algo extraño, tener dentro aquel pedazo de carne dura y caliente. Pero era el miembro del hombre que tenía encima y ese hombre me agradaba y yo quería agradarle. ...
... Me sentía a gusto. Para hacerle saber de que estaba cómoda, le pasé un brazo por el cuello, abrazándole. El, procurando excitarme, se retiraba un poco de vez en cuando y pasaba sus dedos por mi sexo. Luego volvía a penetrarme, ya sin dolor por mi parte. La sensación cada vez que volvía a entrar era muy dulce. Sentí que me humedecía. Siguió así bastante tiempo. No cambiamos de postura, ya que la estrechez de la tienda y los otros esperando no se prestaba a entretenerse. Volví a animarle de nuevo: - Bésame los pechos, anda…. Bajó con su boca para besar y chupar las grandes aréolas que tengo. Los pezones se contrajeron de inmediato y se pusieron duros. Al tiempo que los disfrutaba con la boca me daba también fuertes apretones con sus manos. Noté que su respiración se agitaba, estaba cercano a la eyaculación. Me besaba en el cuello, en las orejas, sin atreverse a buscar mi boca. Al final, cuando estaba ya a punto de correrse, se atrevió a buscar mis besos y nos entrelazamos las lenguas. Fue inmediato y noté perfectamente el chorro de esperma. Se quedó quieto unos momentos, recuperando el aliento. Después comenzó a incorporarse. Se vistió y antes de salir me agradeció de nuevo mis servicios (volvía yo a sentirme como una puta). - Gracias, Anne. Me has hecho muy feliz. - Gracias a ti, George. Eres un hombre muy tierno, me he sentido muy a gusto contigo. Ese agradecimiento tan sincero volvió de nuevo a disipar mi mala conciencia y ya estaba dispuesta a seguir ...