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Con tres hombres en la montaña
Fecha: 23/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... algo aturdido. De reojo mi miraba, desnuda como estaba. Le solté la mano y le eché el brazo por el hombro, apretándolo contra mi cuerpo, rozándolo con mi pecho. Respiraba agitadamente, nervioso. - Tranquilo, Mikel. Será muy fácil, ya verás. Yo te ayudaré. - Gracias. Solo dijo eso, gracias. Pero pareció serenarse algo. Entramos en la tienda y el chico miró atrás para ver a su padre y a su tío, como buscando aún su protección. Ellos le hicieron un gesto de ánimo. Esta vez no me tumbé en la colchoneta esperando acontecimientos. De pie, ayudé al chico a desnudarse. Tenía un buen pollón, aunque en reposo. Los nervios le impedían aún la erección. Lo abracé, lo acaricié, puse sus manos en mi cintura, le invité a besarme. Yo le sonreía mucho y él me respondía muy cortado. Después de un buen rato, nos tumbamos en la cama. Ambos de lado nos seguimos besando. Yo le pasé uno de mis gruesos muslos por encima, y el pasó la mano por la pierna y por mi cadera. Despacio se iba animando. Se agarró por fin a mis pechos, sus primeras tetas. Las sobaba con los ojos muy abiertos. - ¿Quieres chuparlas…? Hizo un gesto afirmativo con su cabeza y comenzó a succionar los pezones, que de nuevo se pusieron duros. Mientras chupaba agarré su mano y la llevé a mi pubis peludo. Por la ventana abierta de la tienda entraba una luz tenue que nos permitía la observación mutua. Me sentía muy a gusto. Estaba claro que a pesar de mi inexperiencia yo era una mujer a la que le gustaba llevar el ...
... mando. Mientras sus dedos recorrían mi raja la noté húmeda, cosa que solo había sucedido antes con Robert, pero había sido consecuencia del oral, no de mi lubricación propia. Miré para comprobar el estado de su miembro. - Vaya, Mikel… Que poderío, la tienes ya casi dura del todo. Que alegría, hijo. El chico se había relajado y lucía ya un pollón muy vistoso. Se lo agarré y lo apreté, masajeándolo suavemente. La erección aumentó. Su juventud se notaba, el miembro totalmente pegado a su vientre, vertical, poderoso. Me puse boca arriba y me abrí toda. - Vamos, cariño, súbete encima. Ha llegado el momento. Se colocó sobre mí sin saber muy bien que hacer. Pero allí estaba yo, atenta para ayudarle. Agarré el duro falo y lo llevé a mi entrada. - Aprieta ahora, cielo, empuja, sin miedo. Eso, esoooo, asíiiii…. El chico entró en mí sin dificultad alguna, me sentí de nuevo totalmente llena, mujer penetrada, golfa en suma. Ahora ya no me importaba sentirme muy puta, había perdido ya la vergüenza. - Ya, cariño, ya estás dentro de una mujer. - ¿Qué hago ahora? – preguntó el chico en su inocencia-. - ¿Estás a gusto, te sientes bien? - Sí, muy a gusto, me encanta. - Pues entonces solo disfruta, déjate llevar, haz lo que te apetezca: entrar y salir de mi cuerpo, besarme, tocarme, todo lo que quieras. Pues el consejo surtió efecto. Vamos, como si llevara follando media vida. Se portó como un experto. Todo un hombrecito. Bombeaba con su pollón, sacándolo y ...