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Doña Rafaela, toda una jamona
Fecha: 26/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... tetas enormes que le costaba mantener por el peso y unos muslos recios y llenos de grasa por la buena vida. Era claro lo que le gustaba comer, sus abundantes carnes no mentían al respecto. Muchas veces me había tocado y acariciado con la exuberante doña Rafaela. Como me habían confesado varias veces mis amigos que lo hacían cuando nos topábamos con ella en la calle o camino de casa. A mi madre ninguna gracia le hacía verme hablar con ella, sin duda por lo que enseguida os contaré. Doña Rafaela no resultaba especialmente hermosa ni era guapa, pero lo suplía con su gracia y salero innatos además de un morbo terrible con sus miradas caídas e inocentes bajo sus ojos castaños y como quien no quiere la cosa. Era vox populi su vida licenciosa y que era de vida fácil pues ya se la había visto con algún nuevo amigo tomando un café o simplemente acompañándola. Llevaba aquel día su cabello rubio ceniza, ralo, disperso a los lados y poco apretado, con algún que otro claro en el pelo que recogía en un amplio moño y una mata de cabello espesa que le caía aplanada sobre la frente. La cara era gruesa, coriácea y un tanto brutal. En cambio, tenía un no sé qué en la mirada que cautivaba nada más verla. Desde luego hombres no le faltaban. Un vestido blanco de escote pronunciado, estampado y floreado de tirantes, bajo el que se reconocía mínimamente el fino tirante del sujetador rojo que apenas podía contener el tremendo pechamen de la madura. Sobre los zapatos rojos de alto tacón se ...
... contoneaba moviéndose con dificultad entre los pasillos. Salimos del súper sin poder desembarazarme de la mujer que, allí a mi lado, no paraba de hablar y hablar de cualquier cosa que le venía a la cabeza. De mis hermanos y de cómo mi madre cuidaba de todos nosotros. Yo la verdad, poco o ningún caso hacía a lo que me decía tan solo interesado en el continuo remover del pecho bajo el escote del vestido. El camino a casa se hizo largo y corto al tiempo. Preguntándome la mujer directamente qué tal iba de chicas y asegurando que más de una tendría interesada en mí. Yo no sabía cómo escapar al interrogatorio, agradeciendo la compañía pero un tanto molesto por tanta pregunta. - Los jóvenes como tú ya empezáis a tener ciertas necesidades –aquello ya comenzó a ponerme alerta. - Ya se sabe… las chicas, el empezar a conocer el cuerpo de uno mismo, ciertas necesidades que le llegan a uno… –tan solo ella la que hablaba mostrando una sonrisa sardónica y perspicaz en su gesto. Al lado uno del otro, nos cruzábamos con gente por la acera mientras le llevaba el carro de la compra y ella la cesta mucho menos pesada con mis cosas. De forma disimulada y tragando saliva de tanto en tanto, yo no dejaba de clavar la mirada en el remover de aquel esplendoroso escote que dejaba vislumbrar la raya de en medio. Me notaba nervioso bajo el pantalón, los pocos años es lo que tiene y además la pérfida doña Rafaela no paraba de sonreírme con su sonrisa franca y sincera. No tardaría en meterme al ...