1. Doña Rafaela, toda una jamona


    Fecha: 26/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... gritando.
    
    Pero entonces los dos tuvimos que callar de golpe en nuestros arrumacos y gemidos amorosos.
    
    - ¿Doña Rafaela, le pasa algo? ¿Qué son esos gritos? ¿Se encuentra bien?
    
    - Mierda, ya está esa chismosa de la Rosario poniendo oreja para enterarse de todo, maldita bruja chismosa.
    
    - No, no es nada señora Rosario No ocurre nada –declaró con risa nerviosa y llevándose los dedos a la boca para que callara, al tiempo que se acercaba a la ventana respondiendo en voz alta sin poder evitar el jadeo.
    
    - ¡Mujer que no se puede echar una la siesta con tanto grito. Cierre la ventana y vale ya de tanto grito y jadeo. Que las demás también queremos echar una cabezada, por diosssss!
    
    La señora Rosario que para nada era tonta, sabía bien de qué iba todo aquello. Tantas veces la habíamos oído los vecinos, que nuestros gemidos y jadeos la habían puesto alerta sin duda. Doña Rafaela bien conocida era en el vecindario. De hecho todos los vecinos, jóvenes y mayores, éramos conscientes de sus escarceos amorosos. La gran diferencia era que en esa ocasión el afortunado compañero de juegos era nada menos que yo. La mujer se excusó como pudo sin que la otra quedara conforme y pronto volví a tenerla a mi lado, riendo la veterana al verme tan cohibido y preocupado.
    
    - Tranquilo mi niño, nos dejamos llevar por la pasión. Tranquilízate, tú disfruta y déjame que yo me encargue de todo.
    
    Menuda puta estaba hecha, con un menor en casa y con ganas de seguir pese a todo.
    
    - ...
    ... ¡Vamos al catre, pequeño que hace mucho que no me doy una alegría! –exclamó tomándome de la mano con urgencia y haciéndola seguir pasillo adelante.
    
    Llegamos al dormitorio, un dormitorio bastante demodé por cierto. Se trataba de una estancia de regulares dimensiones, de apariencia ochentera y decorada en blanco y albaricoque. Dos cuadros pasados de moda y de paisajes frondosos llenaban las paredes. Las paredes en color gris y morado mientras las cortinas y las dos butacas de cuero eran de aquel albaricoque horrendo. La cama todavía deshecha, hablaba bien a las claras del poco quehacer de la madura. Con aquellas sábanas revueltas y arrugadas por el sueño, los cuatro almohadones y cojines tirados por encima de cualquier manera me hizo pensar que allí quería que la hiciera mía. No era mal lugar pese a lo estropeado del dormitorio. La persiana echada casi hasta abajo, la estancia quedaba en una tenue penumbra.
    
    Los dos ya desnudos por completo, ella solo con la pequeña braguita que apenas le cubría nada. La veterana se lanzó a la cama quedando mostrada con las piernas dobladas y abiertas. El pecado la acompañaba, brillándole la mirada de aquel modo tan turbio y enigmático para un joven como yo. Se removió entre las sábanas revueltas, ronroneando y haciéndomelo de ese modo mucho más difícil. ¿Cómo aguantar la tentación aquella en forma de madura experta y con carnes que le sobraban por todos lados? Qué maravilla de mujer, frente a ella me mantenía aún en pie sin dar el paso ...
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