1. Tres relatos sin sexo


    Fecha: 07/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    La silla de la peluquería
    
    Las tres mujeres le daban la espalda. Llevaban el absurdo uniforme que tanto detestaban, pero que algunos clientes como él disfrutaban. Una camisa blanca, y una minifalda azul. La ropa era barata, y a algunas de ellas les jugaba en contra, porque no tenían el físico para llevar faldas tan cortas, ni camisas tan ceñidas. Pero las tres que ahora trabajaban se veían bien. Eran jóvenes, de piernas largas.
    
    Camilo las miraba desde la silla del sector de espera. Cada tanto, a través del espejo, descubrían su mirada lujuriosa. Pero a ninguna le importaba. Por algo las obligaban a ponerse esas prendas. Para atraer clientes. Ya estaban acostumbradas.
    
    Las chicas trabajaban con presteza en sus clientes. A Camilo, le gustaban mucho todas, pero su favorita era Celeste. En su cabeza se desató una carrera. La primera que terminase de cortar el pelo a su cliente sería la que quedaría libre, y Camilo debería pasar con ella. Alentó mentalmente, con todas sus fuerzas, a Celeste.
    
    Su pequeño juego pareció culminar en una derrota, cuando vio cómo Miriam terminaba de cortarle el pelo a un gordito entrado en años. Pero por suerte, en lugar de llamar al próximo cliente (a Camilo) se perdió en un pasillo, que llevaba al baño.
    
    -¿Quién sigue? –dijo después de unos minutos Celeste, mientras le terminaba de cobrar a su cliente.
    
    Camilo se puso de pie. Esbozó una sonrisa tonta. Y se fue a sentar en la silla del medio, frente al espejo.
    
    -Cómo te vas a cortar. ...
    ... -Le preguntó Celeste.
    
    Le gustó que lo tutee. ¿Se acordaría de él? Desde hace medio año que iba una o dos veces por mes. Aunque seguramente tienen muchos clientes, pensó Camilo.
    
    -Con tijera, bien rebajadito. Y atrás y al costado con la máquina tres.
    
    Celeste accionó algo en la silla, y Camilo sintió cómo se elevaba hasta quedar a la altura indicada. La vio alejarse. Era petisa y culona, como le gustaban a él. Volvió con una capa azul de plástico. Se la ató al cuello, bien ajustada, para asegurarse de que no se filtren los pelos recién cortados por ahí.
    
    Celeste comenzó a rebajarle el cabello. Lo único que no le gustaba de la chica, era que cortaba demasiado rápido. El tiempo con ella era corto, y eso disminuía considerablemente las posibilidades de que se anime a invitarla a salir, o al menos, a pedirle su teléfono.
    
    -¿Sos de por acá? –Preguntó ella.
    
    -Sí, de acá a cinco cuadras. –Contestó él.
    
    Sabía que el hecho de que ella inicie la conversación no significaba nada. Todos los peluqueros hablaban hasta por los codos.
    
    -Y vos de dónde sos. –Se sorprendió preguntando Camilo.
    
    -De Casanova. –Contestó ella.
    
    -Ah, Casanova. –repitió él, sin poder agregar mucho más.
    
    No le gustaba la cara que reflejaba el espejo. Camilo tenía las mejillas muy infladas. El pelo corto no lo favorecía. Pero no podía dejar de ver a Celeste, aunque sea una vez por mes. Era la única excusa que le permitía estar a unos centímetros de la mujer que lo trastornaba tanto. Además, aunque ...
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