1. Tres relatos sin sexo


    Fecha: 07/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... hubiese sido una buena pregunta, pero veinte minutos atrás, cuando empezó a cortarle el pelo.
    
    Le entregó el dinero.
    
    -Gracias por el cambio. –dijo ella.
    
    Camilo cruzó la puerta vidriada. La observó, mientras daba los primeros pasos para volver a su casa, pero ella ya estaba acomodando la silla para atender a su próximo cliente. Quizá la próxima vez…
    
    El asiento del colectivo
    
    Eran las seis de la mañana. Javier estaba cansado. Trabajar tres jornadas de doce horas seguidas, en el horario nocturno, hizo estragos en su cuerpo. Vio venir, a dos cuadras, al colectivo que lo llevaría a casa. Se subió, y para su alivio, había muchos asientos vacíos. Se acomodó en el fondo, al lado de la ventanilla. Apoyó su cabeza sobre el vidrio, y enseguida se durmió.
    
    Descansar durante la hora que duraba el trayecto, le hubiese hecho muy bien. Pero no tuvo suerte. Unas paradas después, se subió al colectivo un grupo de jóvenes ruidosos. Eran muchos, y el vehículo quedó repleto. Como algunos quedaron adelante y otros en el fondo, se hablaban a los gritos. Acababan de salir de un boliche, y fanfarroneaban sobre sus proezas nocturnas. Él se despertó, molesto. Pero cuando se dio cuenta de que no podía hacer nada al respecto, se resignó.
    
    El colectivo se fue vaciando poco a poco. Pero ya no importaba. Estaba apenas a quince minutos de su destino.
    
    Al lado suyo estaba sentada una chica vestida con una pollera de jean muy corta. Sus piernas largas y torneadas se estiraban e invadían ...
    ... su espacio. La chica se quedó dormida, y su cabeza se apoyó en el hombro de Javier.
    
    Miró a todos lados, como pidiendo auxilio, pero nadie reparó en él. La empujó, despacio, hacia el otro costado, pero cuando creyó que ya había logrado ponerla recta, la chica se desplomó sobre él nuevamente. Sus labios quedaron muy cerca. Ella largaba un aliento etílico fuerte. Javier la observó. Labios gruesos, piercing en la nariz, pelo con mechones teñidos de violeta. Seguramente, en circunstancias normales, era muy linda, pensó.
    
    Tenía que hacer un esfuerzo muy grande para sostenerla. Si cedía, en lugar de estar apoyada sobre su hombro, caería en su regazo. Sería una situación muy incómoda y muy obscena.
    
    El colectivo se vació casi por completo. Solo quedaba Javier, el colectivero, y la desconocida que ahora lo abrazaba y frotaba sus piernas con las de él.
    
    Involuntariamente, rozó la piel tersa de la joven. Vio que sus piernas estaban separadas, y más allá había una cueva oscura. La rozó otra vez, ahora conscientemente, con la parte externa de su mano. La chica no dio señales de haberse despertado. Miró culposo hacia donde estaba el chofer. Pero era imposible que vea el movimiento de sus manos. Como mucho podría ver su torso. Javier la frotó, ahora con más fruición. La chica balbuceó algo, pero sus ojos seguían cerrados. Luego se animó a meterse un poco por debajo de la pollera. Masajeó los muslos, sintiendo cómo su excitación iba en aumento. Una distancia similar al tamaño de su ...